La Iglesia insiste que para evangelizar es necesario antes ser evangelizados y por esto hace un llamamiento a la conversión, a partir de sí misma, porque “las debilidades y los pecados personales de los discípulos de Jesús pesan sobre la credibilidad de la misión”.

 

(RV).- Los padres sinodales en el curso de vigésima Congregación General han aprobado esta mañana el Mensaje del Sínodo de los obispos al Pueblo de Dios, primer fruto conclusivo de la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo dedicado a la “nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.

 

“Guiar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo al encuentro con Jesús – dicen los obispos- es una urgencia que afecta a todas las regiones del mundo, de antigua y reciente evangelización” porque en cualquier parte “se siente la necesidad de reavivar la fe”. “No se trata de empezar de nuevo”, sino de “vivir de manera renovada nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio mediante una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos y en sus expresiones”.

 

“La obra de la nueva evangelización consiste en vivificar y proponer de nuevo en el corazón y la mente de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y también de nosotros mismos, en primera persona, (no pocas veces distraídos y confundidos), la belleza y la perenne novedad del encuentro con Cristo.

 

No se trata de inventar nuevas estrategias para encontrar a Jesús, afirma el Sínodo, basta la “lectura asidua de las Sagradas Escrituras, que no sólo son un pasaje obligado para conocer el contenido del Evangelio y la persona de Jesús, sino que ayudan también a encontrar puntos de encuentro con Él, en las dimensiones básicas de la vida del hombre: la familia, el trabajo, la amistad, la pobreza y las pruebas de la vida, etc.

 

La Iglesia insiste que para evangelizar es necesario antes ser evangelizados y por esto hace un llamamiento a la conversión, a partir de sí misma, porque “las debilidades y los pecados personales de los discípulos de Jesús pesan sobre la credibilidad de la misión”. Los cristianos, sin embargo, no han de tener miedo con la fe y han de mirar al mundo con coraje tranquilo porque, aunque lleno de contradicciones y desafíos, sigue siendo el mundo que Dios ama.

 

La globalización, la secularización, la inmigración, el ateísmo, la política, a pesar de las dificultades y los sufrimientos que comportan, han de afrontarse sin pesimismo, porque son oportunidades para la evangelización, señalan los obispos. Porque no hay que difundir el Evangelio como un producto de mercado, sino de redescubrir la manera para que la gente se acerque a Jesús.

 

Por esta razón, el mensaje del Sínodo mira a la familia como lugar natural de la evangelización e insiste en que ésta debe ser apoyada por la Iglesia, la política y la sociedad. Y dentro de la familia, se hace hincapié en el papel especial de la mujer, se reafirma la responsabilidad del padre y se recuerda la dolorosa situación de los no casados, divorciados o los que se han vuelto a casar: aún confirmando las reglas para el acceso a los sacramentos, se subraya que la Iglesia es la casa acogedora del Señor para todos.

 

El documento sinodal también menciona las parroquias como centros esenciales de la evangelización y recuerda la importancia de la vida consagrada y la formación permanente de los sacerdotes y religiosos. También invita a los laicos para proclamar el Evangelio y presta una especial atención a los jóvenes: presente y futuro de la humanidad y de la Iglesia.

 

Los horizontes de la nueva evangelización son anchos como el mundo, dice el Sínodo, por lo que es imprescindible el diálogo con la cultura, con la educación y la formación de la persona en su totalidad, con las comunicaciones sociales, con la ciencia, que cuando no encierra al hombre en el materialismo se convierte en un aliada en humanización de la vida.

 

Y el diálogo es central con el arte, que expresa la espiritualidad a través de la belleza; con la economía; con política, a la que se pide una atención transparente y desinteresada del bien común, en el respecto de la dignidad de la persona. Y fundamental es el diálogo interreligioso, que contribuye a la paz, rechaza el fundamentalismo y denuncia la violencia y la violación flagrante de los derechos humanos.

 

Dos expresiones de la vida de fe son también particularmente importantes para la nueva evangelización: “la contemplación”, donde el silencio permite acoger mejor la Palabra de Dios y el “servicio a los pobres”, con el fin de reconocer a Cristo en sus rostros.

 

En la última parte, el mensaje se dirige a las iglesias de las diferentes regiones del mundo y a cada una de ellas alienta para el anuncio del Evangelio. A las Iglesias orientales les desea que puedan practicar su fe en paz y libertad religiosa; a la Iglesia de África le pide que desarrolle la evangelización en el encuentro entre culturas antiguas y nuevas, y apela a los gobiernos para que impidan conflictos y violencia.

 

Los cristianos de América del Norte, que viven una cultura con muchas expresiones alejadas del Evangelio, son exhortados a la conversión y a estar abiertos a la acogida de inmigrantes y refugiados. A América Latina se la invita a experimentar la misión permanente para hacer frente a los retos de hoy en día, como la pobreza, la violencia, las sectas. A la Iglesia en Asia, aunque se trata de una pequeña minoría, a menudo situada a los márgenes de la sociedad y perseguida, se la exhorta a la fuerza de la fe y se expresa cercanía a los cristianos de Tierra Santa, donde Jesús nació, murió y resucitó.

 

Y a Europa, marcada por una secularización agresiva y herida desde hace décadas por regímenes e ideologías enemigas de Dios y del hombre, y que sin embargo, ha creado – dice el Sínodo – una cultura humanista capaz de poner un rostro a la dignidad de la persona y a la construcción del bien común, la alienta a que las dificultades actuales no desanimen a los cristianos europeos, sino que las perciban como un desafío. Para Oceanía, por último, se pide el compromiso de predicar el Evangelio. El mensaje se cierra con el acto de entrega a María, Estrella de la nueva evangelización. (ER – RV)

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