Australia: Más de 200 médicos renuncian por respeto a la vida.

El 14 de febrero, la Cámara de Representantes de Australia, por 90 votos a favor y 56 en contra, sancionó la ley por la cual se autorizaría en el país el uso de la droga abortiva mifepristona, llamada también el “pesticida humano” con la que se fabrica la píldora RU-486. El senado había aprobado la medida el 9 de febrero por 45 a 28 votos. (De las 30 senadoras, 27 votaron a favor del proyecto de ley, al parecer no muy preocupadas, al menos, por la salud de sus compatriotas y congéneres-sólo en Estados Unidos se demostró la muerte de 8 mujeres y gravísimas complicaciones de salud de otras 850 que usaron la mifepristona para abortar). Frente al argumento fácil o excusa cobarde, más de 200 médicos católicos, pertenecientes a la Asociación San Lucas del territorio de Queensland anunciaron su renuncia a la Australian Medical Association y al Royal Australian College of General Practitioners. Ambas organizaciones apoyaron la legalización de la mifepristona. «Con la RU-486 no sólo se mata siempre a un ser inocente, sino que además las complicaciones para las mujeres -incluyendo muertes- la hacen totalmente inaceptable. No aceptamos pertenecer a una asociación que recomienda estos crímenes”, declaró el grupo de médicos. La Australian Medical Association tiene en Queensland, 5.670 miembros. Seguramente más de una puerta se les cerrará a los renunciantes. Dios no quiera que sean catalogados de exagerados y fundamentalistas por sus mismos hermanos en la fe. El ministro de salud australiano, Tony Abbott, se negó por motivos éticos y médicos a autorizar la droga, que ahora los abortistas imponen por vía parlamentaria. La progresía “tolerante y pluralista” se ensañó con Abbott, que fue duramente atacado por “permitir que sus convicciones personales influyan en su acción pública” -Abbott es católico-, y por pedir a los parlamentarios que voten en conciencia. Recordamos la enseñanza de Juan Pablo II: “A veces las opciones que se imponen son dolorosas y pueden exigir el sacrificio de posiciones profesionales consolidadas o la renuncia a perspectivas legítimas de avance en la carrera” (enc. Evangelium vitae n. 74, 25-03-95).

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