Banedicto XVI: La tecnología sola no basta

Benedicto XVI envió ayer un mensaje al Cardenal Gianfranco Ravasi, Presidente del Consejo pontificio de la Cultura, con ocasión de la XVI Sesión Pública de las Academias Pontificias. El Papa saluda a los Presidentes y Académicos, y de modo particular al Purpurado, en su calidad de Presidente del Consejo de Coordinación, así como a los demás Cardenales, Obispos, Sacerdotes, Religiosas y Religiosos y Embajadores que participaron en este significativo encuentro.

En efecto el Papa recuerda que esta Sesión Pública anual se ha convertido en una tradición consolidada, en la que se ofrece, tanto la ocasión de un encuentro entre los miembros de las diversas Academias Pontificias reunidas en el Consejo de Coordinación, como la oportunidad de valorar, a través del Premio de estas instituciones –instituido por su Venerado Predecesor, el Beato Juan Pablo II, el 23 de noviembre 1996– a cuantos con su investigación y empeño cultural, contribuyen a promover un nuevo humanismo cristiano.

Por esta razón Benedicto XVI agradece al Cardenal Ravasi la atención que dirige a todas estas Academias así como el impulso que ha querido transmitirles para que sean, verdaderamente, y con eficacia, Instituciones de calificado nivel académico al servicio de la Santa Sede y de toda la Iglesia. Mientras en cuanto al tema propuesto para esta Sesión Pública, “Testimonios y Testigos. Los mártires y los campeones de fe”, el Papa escribe que ofrece la ocasión para reflexionar sobre un elemento le interesa de modo particular, es decir, el carácter histórico del cristianismo, y su capacidad de entrelazarse continuamente con la historia para transformarla en profundidad, gracias a la levadura del Evangelio y de la santidad vivida y testimoniada.

Tras destacar que la investigación histórica y, sobre todo la arqueológica, apuntan a indagar cada vez más atentamente, y con instrumentos más sofisticados que nunca, las memorias y los testimonios del pasado, Benedicto XVI escribe que son de particular interés las de las antiguas comunidades cristianas. Sin embargo, el Papa observa que “la tecnología sola no basta”. Sino que se necesitan, ante todo, una real competencia de los investigadores, madurada a través de estudios profundizados y de prácticas fatigosas, junto a su auténtica pasión por la investigación motivada, precisamente, por el interés por la experiencia humana y, por tanto, también religiosa, que se encubre y después se revela a través de los testimonios materiales que son como “mensajes que nos llegan del pasado” y que, interpelando nuestra inteligencia y nuestra conciencia, contribuyen a profundizar nuestros conocimientos y, en definitiva, también la visión del presente y de nuestra misma existencia.

De entre los tantos sitios arqueológicos en los que surgen signos de la presencia cristiana, el Santo Padre afirma que sobresale entre todos y suscita especial interés la Tierra Santa, con sus diversas localidades en las que se ha concentrado la actividad de la investigación arqueológica. También recuerda que otro polo estratégico de esta investigación es ciertamente la ciudad de Roma con su territorio, en el que las memorias cristianas se superponen y se entraman con las de la civilización romana y donde los mártires atestiguan que la comunidad cristiana, desde sus orígenes, ha querido “exaltar las figuras de los campeones de la fe como modelos y puntos de referencia para todos los bautizados”. 

Y después de hacer hincapié en que “ayer como hoy, la sangre de los mártires y su tangible y elocuente testimonio toca el corazón del hombre y lo hace fecundo, capaz de hacer germinar en sí una vida nueva, de acoger la vida del Resucitado para traer la resurrección y la esperanza al mundo que lo circunda”, antes de impartirles una bendición apostólica especial, el Papa -acogiendo la propuesta formulada por el Conejo de Coordinación- asignó el Premio de las Pontificias Academias Eclesiásticas alStudium Biblicum Franciscanum de Jerusalén y a la Dra. Daria Mastrorilli. Mientras como signo de aprecio y aliciente pidió que se ofrezca la Medalla de su Pontificado a la Dra. Cecilia Proverbio.

(RV)

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