La Cizaña y el Trigo

 “Jesús nos quiere hacer comprender que dentro nuestro está sembrado algo pequeño y escondido, que posee una fuerza vital indestructible”

Por Benedicto XVI

Jesús relata la parábola del campo de trigo donde “el enemigo” siembra cizaña mientras duermen. “Esto significa que debemos estar atentos a custodiar la gracia recibida en el día del Bautismo, alimentando la fe en el Señor que impide al mal echar raíces en nosotros”. “Dentro de nosotros está sembrado algo pequeño y escondido que posee una fuerza vital indestructible”


Es Bueno porque espera la conversión del pecador


Las parábolas evangélicas son breves narraciones que Jesús utiliza para anunciar los misterios del Reino de los cielos. Utilizando imágenes y situaciones de vida cotidiana, el Señor “quiere indicarnos el verdadero fundamento de todas las cosas. Él nos muestra …. al Dios que actúa, que entra en nuestra vida y que quiere tomar en sus manos» (Jesús de Nazaret. I, Milán, 2007, 229). Con este género de discursos, el divino Maestro invita a reconocer sobretodo el primado de Dios Padre: donde Él no está, nada puede ser bueno. Es una prioridad decisiva para todo. El Reino de los cielos significa, justamente, Señorío de Dios, y significa que su voluntad debe ser asumida como el criterio-guía de nuestra existencia. 

El tema contenido en el Evangelio de este domingo es justamente el del Reino de los cielos. El “cielo” no se entiende solamente en el sentido de la altura que nos sobrepasa, ya que tal espacio infinito posee la forma de la interioridad del hombre. Jesús compara el Reino de los cielos con un campo de trigo, para hacernos comprender que dentro de nosotros se ha sembrado algo pequeño y escondido, que sin embargo posee una indestructible fuerza vital. A pesar de los obstáculos, la semilla se desarrollará y el fruto madurará. Este fruto será bueno sólo si el terreno de la vida será cultivado según la voluntad divina. 

Por eso, en la parábola de la cizaña (Mt 13,24-30) Jesús advierte que, después que el patrón siembra, “mientras todos dormían” interviene “su enemigo”, que siembra la cizaña. Esto significa que tenemos que estar preparados para custodiar la gracia recibida desde el día del bautismo, continuando a alimentar la fe en el Señor, que impide que el mal ponga sus raíces. San Agustín, comentando esta parábola, observa que “antes muchos son cizaña y luego se convierten en grano bueno” y agrega: “si éstos, cuando son malos, no fueran tolerados con paciencia, no lograrían el laudable cambio» (Quaest. septend. in Ev. sec. Matth., 12, 4: PL 35, 1371).

Queridos amigos, el libro de la sabiduría –del cual hoy se desprende la primera lectura- evidencia esta dimensión del Ser divino: “porque, fuera de Ti, no hay otro Dios que cuide de todos… porque tu fuerza es el principio de tu justicia y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos (Sap 12, 13.16); y el salmo 85 lo confirma: 

“Tú Señor eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan” (v. 5.). Por lo tanto si somos hijos de un Padre tan grande y bueno, busquemos de parecernos a Él! Éste era el objetivo que Jesús se ponía con su predicación; en efecto, decía a quien lo escuchaba: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en los cielos” (Mt, 5,48). Dirijámosnos con fe a María, que ayer la invocamos con la advocación de la Virgen Santísima del Monte Carmelo, para que nos ayude a seguir fielmente a Jesús a vivir como verdaderos hijos de Dios.

Traducción del italiano Patricia Ynestroza y Claudia Alberto

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