El recurso frecuente del sacramento de la confesión

«La presencia destructiva del pecado es fácilmente comprendida como un servicio de esperanza: fortalece a los creyentes para evitar el mal y abrazar la perfección del amor y la plenitud de la vida cristiana»

 

Reflexión del Papa Emerito Benedicto XVI a la Conferencia de Obispos de Canada

Tras poner de relieve que la falta de reconocimiento del pecado es un síntoma de la «debilidad de nuestra relación con Dios», el Papa Benedicto XVI señaló que «cuando Dios es excluido de la vida pública, el sentido de ofensa a Dios – el verdadero sentido del pecado- desaparece, como cuando el valor absoluto de las normas morales se relativiza, las categorías de bien o de mal se desvanecen, junto con la responsabilidad personal».

«Cuando se olvidan la necesidad de pedir perdón y la disponibilidad para perdonar, brotan sentimientos de culpabilidad y la tendencia al litigio. Sin embargo, este peligroso fenómeno se puede eliminar», afirmó el Pontífice.

Tras poner de relieve que la falta de reconocimiento del pecado es un síntoma de la «debilidad de nuestra relación con Dios», Benedicto XVI señaló que «cuando Dios es excluido de la vida pública, el sentido de ofensa a Dios -el verdadero sentido del pecado- desaparece, como cuando el valor absoluto de las normas morales se relativiza, las categorías de bien o de mal se desvanecen, junto con la responsabilidad personal».

«Cuando se olvidan la necesidad de pedir perdón y la disponibilidad para perdonar, brotan sentimientos de culpabilidad y la tendencia al litigio. Sin embargo, este peligroso fenómeno se puede eliminar».

«El compromiso con la verdad -terminó- abre el camino a la reconciliación estable mediante el proceso sanador de pedir y otorgar el perdón, dos elementos indispensables para la paz. De este modo, se purifica nuestra memoria, nuestros corazones se serenan y nuestro futuro se llena de una esperanza bien fundada en la paz que brota de la verdad».

«El compromiso con la verdad -terminó- abre el camino a la reconciliación estable mediante el proceso sanador de pedir y otorgar el perdón, dos elementos indispensables para la paz. De este modo, se purifica nuestra memoria, nuestros corazones se serenan y nuestro futuro se llena de una esperanza bien fundada en la paz que brota de la verdad».

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