BENEDICTO XVI Y SU COMPROMISO CON LOS DERECHOS HUMANOS

En la Sala Regia Benedicto XVI se encontró con los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, en su primera reunión con ellos desde su elección el pasado 19 de abril. En su discurso, en francés, el Papa dio las gracias a los embajadores y autoridades de los países que éstos representan por su participación en el funeral de Juan Pablo II y en las celebraciones de su elección y de comienzo del pontificado. Benedicto XVI habló del «largo y fructuoso ministerio del bien amado Juan Pablo II», y definió a su predecesor como «infatigable misionero del Evangelio en los numerosos países que visitó, prestando un servicio único a la causa de la unidad de la familia humana». Juan Pablo II, agregó, «invitó a todos los seres humanos de buena voluntad a (…) construir una sociedad de justicia, de paz, de solidaridad en la caridad y el perdón recíprocos». «Pienso -dijo el Santo Padre- en todas las naciones con las que la Santa Sede todavía no tiene relaciones diplomáticas», si bien algunas de ellas participaron en las ceremonias anteriormente mencionadas. «He apreciado ese gesto -prosiguió- y hoy quiero expresarles mi gratitud y dirigir un saludo deferente a las autoridades civiles de esos países, formulando el deseo de verlos representados, lo antes posible, ante la Sede Apostólica. De esos países, sobre todo de aquellos donde la comunidad católica es numerosa, me han llegado mensajes que aprecio particularmente. Quiero manifestar mi profundo afecto por esas comunidades y por el conjunto de pueblos a los que pertenecen, asegurando a todos que están presentes en mis oraciones». «Por mi parte vengo de un país cuyos habitantes desean de todo corazón la paz y la fraternidad, sobre todo las desean aquellos que como yo han conocido la guerra y la separación entre los hermanos pertenecientes a una misma nación, a causa de ideologías devastadoras e inhumanas que, encubiertas de sueños e ilusiones, hicieron pesar sobre las personas el yugo de la opresión. Comprenderéis, por tanto, que soy particularmente sensible al diálogo entre todos los seres humanos, para superar todas las formas de conflicto y tensión y para hacer que nuestra tierra sea una tierra de paz y de fraternidad». Todos, subrayó el Papa, «están llamados a realizar una sociedad pacífica, para vencer la tentación de choques entre culturas, etnias y mundos diferentes. Para ello, todos los pueblos deben servirse de los mejores valores del patrimonio cultural y espiritual que los caracterizan». «Para proseguir en esta dirección -explicó Benedicto XVI-, la Iglesia no cesa de proclamar y defender los derechos humanos fundamentales, desgraciadamente violados todavía en diversas partes del mundo, y actúa para que se reconozca el derecho de todo ser humano a la vida, a la alimentación, a la vivienda, al trabajo, a la asistencia sanitaria, a la protección de la familia y a la promoción del desarrollo social, en el respeto de la dignidad del hombre y la mujer, creados a imagen de Dios». «La Iglesia Católica -concluyó- seguirá ofreciendo su colaboración para salvaguardar la dignidad de cada ser humano y el servicio al bien común. No pide privilegio alguno para sí, sino únicamente las condiciones legítimas de libertad y de acción para su misión».

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