Una inesperada y violenta polémica se encendió en los medios de comunicación franceses a raíz de una sencilla oración que la Iglesia de Francia realizó en las parroquias con ocasión de la fiesta de la Asunción de la Virgen María, el pasado 15 de agosto. Una de las peticiones hace referencia a la familia, para que los hijos «puedan disfrutar al máximo del amor de un padre y una madre».

Esta simple redacción, que concuerda con la definición natural del matrimonio, desencadenó una serie de ataques en los medios de comunicación y el inicio de una controversia pública que busca difamar a la Iglesia y acusarla de «intolerante».

El Cardenal Philippe Barbarin, Arzobispo de Lyon: «Algunas personas parecen tener miedo de la oración. ¡Es poderosa!» «Nada podría ser más natural que orar por tu propia familia, por tu propio país», declaró en defensa de la Iglesia el Cardenal Philippe Barbarin, Arzobispo de Lyon, en una entrevista concedida a un importante diario francés. El prelado explicó que «la oración es ante todo un acto espiritual», pero que tiene una dimensión social y política, porque los católicos no pueden «hacer caso omiso de los problemas de la vida social, y menos aún de los sufrimientos de los hombres».

El Cardenal Barbarin denunció que la controversia generada por sectores contrarios a la Iglesia pretende censurar e imponer los contenidos a los fieles. Ante esto, recordó que «la laicidad no prohíbe la oración» y que la Iglesia es libre de orar por sus intenciones, sin «someter nuestros ritos y nuestras fórmulas bajo el mando del ‘pensamiento único'».

 

Ataques desproporcionados

 

Una sana reflexión sobre el tema fue hecha por el crítico literario Patrick Kechichian, quien redactó un artículo para un importante informativo francés que fue posteriormente publicado por L’Osservatore Romano. Para el experto existe una «desproporción flagrante entre la delicadeza del texto y las acusaciones violentas que suscitó», y un escándalo generado por quienes «confunden el laicismo y el anticlericalismo militante».

 

Kechichian invitó a leer la frase que desató la polémica: «Por los niños y los jóvenes: que todos ayudemos a descubrir el propio camino para progresar hacia la felicidad, que dejen de ser objeto de los deseos y los conflictos de los adultos para gozar plenamente del amor de un padre y de una madre». El crítico señaló que en ningún momento la oración condena o discrimina a alguien y pidió que respete el derecho de la Iglesia a orar y opinar en los temas que le preocupan.

 

Iglesia en Francia

 

La campaña difamatoria en contra de la Iglesia evidencia otra realidad, según señaló el Cardenal Barbarin: «Lo que sugieren estas reacciones –y, paradójicamente, nos alegra–, es que algunas personas parecen tener miedo de la oración.» Ese temor que los enemigos de la Iglesia manifiestan a la oración sólo puede tener un origen: «¡es poderosa!», señaló el prelado.

 

El Cardenal también advirtió que para el creyente «la fuente última no está en la autoridad política», ya que él reconoce la autoridad de Dios. Esta perspectiva le permite respetar la ley natural y tener una sana independencia frente al poder político, porque sabe «lo que depende de él y lo que está más allá… ¿Cambiar el matrimonio y la familia? No estoy seguro de que esto dependa de la autoridad del parlamento», afirmó el Arzobispo.

 

La «Oración por Francia» realizada en la solemnidad de la Asunción de la Virgen María revive una tradición que la Iglesia conserva desde el siglo XVII, por iniciativa del rey Luis XIII, quien consagró Francia a la Santísima Virgen en 1638.

 

Con información de Zenit y Gaudium Press

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