Canada: Cardenal Quellet y la ley de uniones de homosexuales

Ottawa (Agencia Fides) – “Como ciudadano canadiense y Primado de Canadá, siento que es mi deber expresar mi preocupación y mi desacuerdo, como el de gran parte de canadienses, que me han pedido salir al frente para hacer pública su opinión sobre lo que esto significa y las consecuencias de esta propuesta”, escribe el Cardenal Marc Quellet, Arzobispo de Québec y Primado de Canadá, en una carta abierta publicada el 22 de enero del 2005, titulada “Matrimonio y Sociedad, por un voto libre e iluminado en el Parlamento”, en la que llama a un debate serio sobre la ley federal que propone legalizar las uniones de personas del mismo sexo. “Ley que amenaza con generar un problema cultural cuyas consecuencias negativas son todavía imposibles de predecir” afirma el Cardenal. En una decisión tomada por la Corte Suprema canadiense el 9 de diciembre del 2004, se declara que el “matrimonio” entre personas del mismo sexo estaría de acuerdo con lo que la Constitución del país establece. “Contraria a la interpretación que ha sido propalada por los medios – se lee en la carta – la decisión de la Corte Suprema no tiene fuerza de ley y no ha generado ningún cambio en el marco legal actual”. El Cardenal se pregunta en la carta si el contexto actual de la sociedad canadiense llama a un cambio en la definición de matrimonio y a un reconocimiento de los derechos legales del matrimonio de homosexuales. “Nos encontramos en un momento critico” afirma el Cardenal e invita a reflexionar seriamente antes de dar un paso pues la decisión afectaría a la institución más fundamental de la sociedad: el matrimonio y la familia. El matrimonio de personas del mismo sexo, “alteraría la intuición del matrimonio al ignorar sus dos fines esenciales: la procreación y educación de los hijos dentro del contexto del amor de un hombre y una mujer, garantía del futuro de la sociedad”. “La unión de personas del mismo sexo no puede aportar esta contribución esencial a la sociedad ya que carece de esta propiedad conyugal de complementariedad que define la institución del matrimonio”, explica el Cardenal. Y pide que en este debate se tenga en cuenta el futuro de los niños como una prioridad. El Purpurado canadiense afirma también que aún “corriendo el riesgo de ser juzgado como políticamente incorrecto, debemos recordar que la ley que está en discusión es ofensiva para la moral y sensibilidad de muchos ciudadanos católicos y no católicos” y se debe tener encuentra también “el impacto educativo que tal legislación tendría : sembrar la confusión en la mente de la gente, especialmente de los jóvenes, y provocar problemas de conciencia”. La Conferencia Episcopal de Canadá ya se ha pronunciado también en diversas ocasiones contra esta ley. En una carta fechada el 1 de febrero del 2005 y enviada a diversos líderes políticos, los Obispos canadienses manifiestan, como líderes espirituales de 13 millones de católicos canadienses junto a otros millones de canadienses de distintas religiones, su oposición a la legislación que redefiniría el matrimonio de modo que ya no sería reconocido como la única, esencial y fundamental relación entre un hombre y una mujer y piden “que al Gobierno de Canadá y a los partidos políticos que implementen una legislación que reconozca, proteja y reafirme la definición de matrimonio como unión entre un hombre y una mujer”.

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