Celibato v/s pederastia

Quienes más odian las enseñanzas de la Iglesia Católica han encontrado en los escándalos de pederastia que han sacudido a esta un auténtico filón. 
Por Fernando Paz
Los ataques han arreciado al socaire de los escándalos de pederastia que han afectado a una pequeña parte del clero, pero que, convenientemente amplificados, parecen cuestionar la conveniencia del mantenimiento de dicha condición.
No cabe duda de que quienes más enfáticamente rechazan las enseñanzas de la Iglesia Católica han encontrado en los escándalos de pederastia que han sacudido a esta un auténtico filón. Después de desatar una ola de indignación -real o fingida-, han querido explicar la comisión de estos delitos y pecados como el resultado de una elección que priva al clero de las normales relaciones sexuales entre seres humanos.
Pero ¿es verdaderamente esto así? Tal y como pretenden sus detractores ¿es el celibato la negación de una pulsión natural en el ser humano que termina convirtiendo en obsesivo todo lo relacionado con la sexualidad y, en consecuencia, deriva fatalmente para el sujeto en conductas patológicas?
Los sacerdotes rebeldes que se están haciendo notar en toda Europa en las últimas fechas -como en los casos de Austria o Alemania- incluyen entre sus reclamaciones el “derecho al celibato voluntario”, sugiriendo que la discrecionalidad del mismo sería buena para el aumento de vocaciones.
¿Existe una relación entre el descenso de vocaciones y el celibato?
Aquí una respuesta:
Acusaciones falsas
En primer lugar, habría que señalar que ese descenso de vocaciones no es en modo alguno privativo de la Iglesia Católica, sino que todas las demás confesiones cristianas, incluyendo la ortodoxa, o los judíos, se encuentran en una tesitura semejante. En el caso de pastores, popes y rabinos, su crisis vocacional es bastante más aguda. Y eso que tanto los judíos como los protestantes y los cristianos cismáticos pueden casarse; por tanto, no parece ni que el celibato sea la causa de la crisis ni que el matrimonio sea remedio alguno a esa disminución de sacerdotes.
Tanto este argumento como el de la pederastia han sido esgrimidos por quienes se oponen al celibato sacerdotal. La supuesta profusión de casos de pederastia sería, así, una señal inequívoca de que la Iglesia debe replantearse la cuestión. Sin embargo, como ha demostrado el John Jay College of Criminal Justice, las condenas por pederastia de sacerdotes en los últimos cuarenta años en los Estados Unidos han sido de apenas medio centenar para un total superior a los cien mil sacerdotes, mientras que en el mismo periodo se han producido seis mil condenas a profesores de educación física. En Alemania, de los casos condenados en los últimos quince años, noventa y cuatro sobre 250.000 pedófilos eran curas, tal y como manifestó el obispo de Mondoñedo, monseñor Gea, en octubre de 2010.
Pero la tormenta no ha cesado. Las denuncias contra actos de pederastia en el seno de la Iglesia han continuado, pese a toda evidencia, como si se tratase de algo consustancial a la condición sacerdotal. Una cierta prensa no ha dudado en recoger las acusaciones falsas hechas a sacerdotes sin cuestionar su validez, tal y como ha señalado en The Media Report el abogado Donald H. Steier, quien asegura que su informe “ha aportado elementos objetivos que no podían conciliarse con las declaraciones de las presuntas víctimas. En otras palabras: muchos hechos han demostrado que las acusaciones eran falsas”. Monseñor Salazar, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, abundaba con rotundidad: “Se ha comprobado que la mayoría de las acusaciones de abusos sexuales del clero son inventados”.
Sin base histórica
Entonces, si no existe relación alguna entre el celibato y la pederastia, ¿cuál es el elemento que explica la pedofilia de algunos miembros del clero? Hace menos de dos años -el 12 de abril de 2010, durante su visita a Chile- el cardenal Bertone respondía a esta pregunta aseverando que “muchos psicólogos y psiquiatras han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero (sí) entre homosexualidad y pedofilia”.
Precisamente el psiquiatra Richard Fitzgibbons -que ha asesorado a la Santa Sede en esta materia- ha señalado que el 81 % de los sacerdotes pedófilos ha llevado a cabo sus actos pederastas sobre niños varones, lo que parece bastante significativo; tanto más cuanto que, de su investigación, se desprende que el 100 % de los sacerdotes condenados ha tenido relaciones homosexuales con adultos.
Frente a lo que se ha venido sosteniendo durante mucho tiempo, el celibato fue adoptado por la Iglesia desde sus primeros tiempos, pues se estimaba que el matrimonio creaba lazos de intereses personales y familiares incompatibles con la entrega incondicional a la Iglesia. Por eso, el clero estaba compuesto por hombres maduros que abandonaban mujer y familia -con su consentimiento- para ir a vivir a edificios eclesiales, en continencia; de no observar esta, eran expulsados de la comunidad.
Históricamente no cabe duda de la obligatoriedad de esa vida de castidad que se exigía a los sacerdotes. Los sínodos y concilios más antiguos ratifican esa continencia sexual requerida, que ya aparece en san Justino, mediado el siglo II, y, en esa misma época, recoge Atenágoras como costumbre cristiana. Aunque algunos persisten en sus posturas contra el celibato basándose en las prácticas de los primeros cristianos, hoy esa argumentación de origen protestante carece de toda base histórica.
Denuncia falsa
El uso que algunos medios han venido haciendo de la pretendida relación entre celibato y pederastia se puso particularmente de manifiesto en el caso del arzobispo de Chicago. El 11 de noviembre de 1993, el nombre del citado prelado, Joseph Bernardin, saltó a la prensa por haber sido acusado de abuso sexual a un menor veinte años atrás. El acusador, Steven Cook, enfermo de sida y de 35 años de edad, aseguraba haber sido víctima de Bernardin en el seminario de Sant Gregory, en Cincinnati. Todos los medios se hicieron eco de aquella noticia, ante la que el obispo manifestó sentir “estupor y perplejidad”. Bernardin, renunciando a desarrollar estrategia de defensa alguna, decidió celebrar una rueda de prensa en la que diría, sencillamente, la verdad. La comparecencia no fue fácil, especialmente cuando un periodista le preguntó sarcásticamente: “¿Es usted sexualmente activo?”.

Posteriormente, Bernardin sería absuelto, y Cook reconocería que se había inventado la acusación, animado por algunos desaprensivos que confiaban en que bastaría hacer pública la acusación para que la Iglesia pagase y callara. Bernardin no quiso demandar y, dos años más tarde, Steven moriría reconciliado con su Iglesia tras entrevistarse con el obispo -quien le regaló una Biblia y celebró misa para él-, y pedir perdón.

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