Chile: Iglesia hace un llamado a los candidatos

Con la declaración titulada «Una democracia con valores» dada a conocer este miércoles por el presidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, y por el secretario general, Cristián Contreras Villarroel, la iglesia Católica enumeró los valores irrenunciables del humanismo cristiano, y pidió a las candidaturas presidenciales que respeten a las personas que los proclaman. Dejando en claro que estos valores son universales, y por lo tanto el cristianismo no se identifica con ningún partido político en particular, los obispos invitaron a los candidatos presidenciales a entregar con transparencia a la opinión pública su conformidad o disconformidad con los grandes principios y las aspiraciones de todo cristiano, cuya fuente “es siempre una cultura rica en valores y abierta a Dios, que nunca pretenda apartarlo de la sociedad y de sus costumbres”.

 

Entre los desafíos, la iglesia Católica mencionó el respeto y apoyo a toda vida humana -desde el instante mismo de su concepción. Además, expresaron su preocupación frente a “ciertos excesos de pasión en el debate público” y propusieron erradicar los primeros brotes de un clima de descalificaciones verbales que, a su juicio, obstaculizan los anhelos de justicia y paz que anidan en la gran mayoría de las hijas e hijos de Chile. Se suman, al listado de temas preocupantes, el respeto por la dignidad de las personas, especialmente de quienes más sufren y los pobres, como asimismo el respeto por las minorías étnicas y religiosas; el cultivo de las buenas relaciones con los países hermanos, evitando hegemonías que amenazan la fraternidad entre pueblos soberanos. También plantearon la superación de las desigualdades escandalosas entre los países y al interior del nuestro; la preocupación por los campesinos y su trabajo productivo; las oportunidades reales y factibles para los jóvenes;el derecho al trabajo, al descanso dominical, a la justa retribución que permita una vida digna, las prontas imposiciones del dinero descontado a los propios trabajadores; y las pensiones dignas para las personas jubiladas y montepiadas.

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