DIOS ES EL ULTIMO ARBITRO DE LA HISTORIA

(VIS).-Más de 23.000 personas participaron hoy en la audiencia general de los miércoles celebrada en la Plaza de San Pedro y dedicada a la catequesis de los salmos. «En este primer miércoles de Adviento, tiempo litúrgico de silencio, vigilancia y oración que nos prepara a la Navidad -dijo el Papa- meditamos el Salmo 136, «Sobre los ríos de Babilonia (…) que evoca la tragedia vivida por el pueblo judío durante la destrucción de Jerusalén (586 a.d.C) y la deportación a Babilonia». «Contiene una dolorosa invocación al Señor para que libre a sus fieles de la esclavitud (…) y expresa bien los sentimientos de esperanza y expectación de la salvación con que hemos empezado el Adviento. La primera parte del Salmo tiene como telón de fondo la tierra del exilio, con los ríos y canales que regaban la llanura de Babilonia, sede de los deportados judíos. Es casi una anticipación simbólica de los campos de exterminio a los que el pueblo judío -en el siglo que acabamos de dejar- fue llevado a través de una infame operación de muerte, que sigue siendo una vergüenza imborrable en la historia de la humanidad». «Dios, que es el árbitro último de la historia -prosiguió Benedicto XVI- sabrá comprender y acoger también según su justicia el grito de las víctimas, más allá de los acentos ásperos que a veces conlleva». El Santo Padre se refirió para los últimos comentarios del salmo a una meditación de San Agustín en la que el Padre de la Iglesia «introduce una nota sorprendente. Sabe que incluso entre los habitantes de Babilonia hay personas que se comprometen en favor de la paz y el bienestar, aunque no compartan la fe bíblica» y afirma que «Dios al final les llevará hacia la Jerusalén celestial, premiándoles por su conciencia pura». «Dios no permitirá -cita Benedicto XVI- que perezcan con Babilonia, habiéndolos predestinado a ser ciudadanos de Jerusalén, a condición de que viviendo en Babilonia no deseen su soberbia, su fastuosidad caduca o su arrogancia». Al final de la audiencia, el Papa saludó a un grupo de capellanes de las prisiones italianas y les agradeció el «precioso ministerio» que llevan a cabo «con caridad evangélica al lado de los presos. Os aseguro mis oraciones por cada uno de vosotros y por todos los que se encuentran en las instituciones penitenciarias, a los que saludo con afecto».

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