El aborto terapéutico no existe

El aborto terapéutico no existe”. Así de clara es la afirmación del ginecólogo, investigador y especialista en medicina fetal Sebastián Illanes
Bajo el concepto de aborto terapéutico, cada cierto tiempo se establece en el debate público la “necesidad” de legislar para que, por razones loables y en situaciones muy difíciles, el aborto esté permitido. Salvarle la vida a la madre, una guagua con malformaciones incompatibles con la vida o un embarazo producto de una violación, son los argumentos que “validarían” terminar con la vida de quien está por nacer. En estos casos, se dice que está en juego la salud física y “psíquica” de la madre, entonces, acogidos al término “terapéutico”, se daría el pase para abortar. Pero, ¿qué tan válidas son esas razones? Sin duda aclarar cada concepto y entender -en su verdadera dimensión- cada situación, son las herramientas para comprender que bajo ningún nombre se justifica quitar la vida.
El aborto terapéutico no existe”. Así de clara es la afirmación del ginecólogo, investigador y especialista en medicina fetal Sebastián Illanes, quien añade que para empezar a hablar es fundamental aclarar lo que en la realidad existe: el aborto indirecto y el aborto directo.
El aborto indirecto, ocurre cuando, producto del manejo de una patología materna, se produce la pérdida del embarazo como un efecto secundario y no deseado. Por ejemplo, una madre embarazada a la que se le diagnostica un cáncer cérvico uterino. La terapia contra ese cáncer trae consigo un  riesgo alto de que la guagua muera. “Tú aceptas ese riesgo como efecto secundario, no deseado ni buscado, del tratamiento impostergable que debes ofrecer a la madre producto de la gravedad de su patología. En otras palabras, lo que se está buscando es la vida de la madre. Y el efecto, que la guagua pierda la vida, es posterior, no anterior”. Es decir, sería muy distinto hacer el tratamiento contra el cáncer, si antes de empezarlo, se mata a la guagua. Por lo demás, la sanación de la madre no se logra con la eliminación del no nacido.
Otro ejemplo: “Si tengo una paciente con una pre eclampsia severa a las 22-23 semanas de embarazo, con grave compromiso materno, se sabe que el único manejo posible es la interrupción del embarazo, dado que esa madre está en peligro de muerte. Para salvarla, lo que hay que hacer es una cesárea de urgencia, en la que es posible que el recién nacido muera posteriormente producto de su prematuridad, pero no por una acción directa en contra de él. Se intenta salvar a los dos, pero producto de las condiciones en que nace el bebé, es muchas veces imposible hacerlo”.
Por el contrario, como su nombre lo dice, el aborto directo es matar directamente a la guagua. Un ejemplo de ello es el aborto eugenésico, que se refiere a terminar con la vida de la guagua en el vientre materno porque viene con una malformación. “En ese caso se mata directamente, pues no se está tratando ninguna enfermedad y no se está haciendo terapia en el sentido formal a nadie”.
Y lo que es peor, según explica Pablo Verdier, psiquiatra y profesor de la Universidad Católica, con ese procedimiento lo que se pretende, es hacer de la medicina una herramienta omnipotente, que lo “soluciona” todo.

Los casos de aborto indirecto, según explica el Dr. Illanes, están contemplados en la legislación chilena. La idea de salvar a la madre sin matar a la guagua es lo que se hace y debe hacerse en medicina. No se necesita de la aprobación de una ley. “Todos los demás casos, incluido el aborto de una guagua con malformación incompatible con la vida, son definitivamente aborto directo”.
Hay un ejemplo que puede ayudar a graficar aún más la diferencia entre uno y otro actuar: “Si me toca estar frente a una madre con su hijo que se están ahogando y alcanzo a rescatar sólo a la madre, no significa que al hijo lo quise matar. Distinto es si saco a uno del agua y al otro le pego un balazo. En el primer caso, el niño termina sin vida porque no se dieron las condiciones, se lo llevó la corriente, pero no porque lo maté, como sería el segundo escenario”.
Se podrá decir, al igual como se argumenta en el aborto eugenésico, que el niño moriría igual. Sí, pero hay una diferencia sustancial entre matarlo y no matarlo.
El contexto tampoco sirve de aval
Al error de conceptos ya explicados, vale también la pena analizar el contexto de las situaciones en las que se pide legalizar el aborto “terapéutico”.
Hoy en día, pleno siglo XXI, situaciones en las que por una patología materna se tenga que matar al feto para evitar que la madre muera, son casos que no existen. Pablo Verdier explica: “Éste es un escenario que no se da, de modo que ponerlo en la mesa del debate público como una cosa urgente es una desproporción”.
En este tema el Dr. Illanes agrega: “Hoy ayudan mucho las condiciones y los adelantos. Por ejemplo, años atrás cuando una mujer embarazada rompía membranas en un embarazo muy prematuro, se argumentaba la necesidad de matar a la guagua antes que una eventual infección matara a la madre. Hoy, eso se puede controlar y con los antibióticos adecuados, más una vigilancia estricta, tanto la madre como el hijo pueden salvarse. Si durante este proceso, se produce la infección en la madre, se puede hacer nacer a la guagua, que es lo que señalan los protocolos de manejo médico, y se pondrá todo el arsenal terapéutico a disposición del recién nacido para intentar salvarlo. Si el recién nacido igual muere, será porque no tenía la madurez suficiente para sobrevivir, y no producto de una acción directa sobre él”.
Por todo esto, Verdier concluye que la idea de sacar este tema a primer plano hace pensar que es para entrar a temas de aborto directo. “Las campañas pro aborto son así, ponen en el tapete situaciones graves, que son muy minoritarias, pero que socavan las posturas naturales, de manera que poco a poco comienzan a aceptarse más y más casos”.
Incompatibles con la vida, ¿y?
Como el escenario de una disyuntiva entre la vida de la madre o la del hijo hoy no existe, cabe analizar ahora qué sucede cuando se aboga el aborto “terapéutico” o mejor dicho, directo, en casos en que la madre lleva en su vientre a un niño con una malformación incompatible con la vida. Aquí nuevamente el contexto lo hace un debate desproporcionado, pues, según el Dr. Illanes, sólo un 1-2% de todos los embarazos tiene algún tipo de malformación y de éstas, una vasta mayoría son malformaciones compatibles con la vida. Es decir, se está hablando de la necesidad de legislar como si fuera un problema nacional, cuando los casos de malformación no viables fuera del útero son la excepción.
Con estos antecedentes, el debate que surge en relación a los casos incompatibles con la vida enfrenta los siguientes argumentos:
A favor del aborto: Llevar por nueve meses a un hijo que al nacer no vivirá produce un grave daño psicológico en la madre. Si sabemos que igual va a morir es mejor cuanto antes quitarle la vida a la guagua y ahorrarle a la mamá sufrimiento.
En contra: Ese argumento, propio del paradigma de los años 70, está obsoleto. El aborto no es ningún tratamiento para ninguna enfermedad psiquiátrica. Por el contrario, según Francisco Bustamante, psiquiatra académico de la Universidad de los Andes, “hoy se ha comprobado que con un aborto las probabilidades de que esa mujer desarrolle un trastorno psiquiátrico son muy altas”. De hecho, agrega Bustamante, las últimas investigaciones han motivado a que la Asociación Psiquiátrica de Gran Bretaña recomendara no aconsejar abortar a los pacientes con embarazos incompatibles con la vida, pues se sobre agrega un trauma que puede desencadenar mayor psicopatología de la que ya tiene.
“Las pacientes que abortan quedan con un duelo no resuelto, un duelo patológico, que es muy perjudicial”, explica el Dr. Illanes.
También la literatura médica muestra evidencias suficientes de que el aborto en sí mismo produce secuelas psicopatológicas. “En relación al llamado aborto “terapéutico” hay más evidencias aún. Y es probable que se desencadene un trípode sintomatológico clásico: culpa, depresión, angustia”, explica Verdier.
Estos tres síntomas surgen simplemente por naturaleza. “Cualquier mujer sabe qué es estar embarazada, sabe que lleva una vida y espontáneamente habla de su hijo. No hay posibilidad de que eso lo discuta. Más aún, en el caso en que se descubre una malformación: esa mujer estuvo asistiendo al ginecólogo y haciéndose ecografías porque tenía una guagua. En esas mamás, no hay otra alternativa: la noción de hijo es patente y evidente, la sintieron y la vivieron. Ya tuvo sentimientos de madre, entonces quitarle la vida a esa guagua, es negar lo que ella sintió, lo que vio, y por lo mismo no es raro que posteriormente aflore la culpa, la depresión, la angustia”, dice Verdier.
Conclusión: Es posible afirmar que un porcentaje significativo de las mujeres que abortan presenta trastornos psíquicos post aborto llegando a necesitar intervenciones psiquiátricas. Por el contrario, quienes llevan a su hijo en el vientre, incluso lo ven nacer y lo acompañan hasta que naturalmente muere, viven un duelo más normal y sano, por la inexistencia de la culpa.
A favor del aborto:  Se habla del derecho a elegir que tiene la madre. Se argumenta que ella tiene todo el poder para, en “virtud” de disminuir su sufrimiento, quitarle la vida a la guagua antes de que nazca.
En contra: “Pero, ¿qué sucede con el hijo que está por nacer?”, contrarresta Francisco Bustamante. “Esa guagua tiene un derecho propio, el cual, por razones obvias, no es consultado. Pero sin duda, cualquier persona con voz diría: no me maten. ¿Sólo porque no puede hablar, se da por hecho que la mamá es la que decide?”.
A esto Sebastián Illanes agrega: “Existen argumentos científicos y de corte biológico para argumentar en contra de que el embrión es parte de la madre embarazada, y que por lo tanto ella puede hacer con él lo que desee. Es tan diferente el hijo de su madre, que el hijo tiene que defenderse de la madre y montar mecanismos inmunológicos para poder implantarse en el útero. Si no lo hace, el sistema inmune de la madre ataca al feto y lo destruye. Conclusión: tan distinto es la madre del hijo, que este último tiene que defenderse de la madre para poder sobrevivir.  A nadie se le ocurriría enjuiciar a una madre porque su sistema inmune atacó a su hijo”.
A favor del aborto: Se dice que con el aborto terapéutico disminuyen las inequidades, pues no sólo la gente con recursos tendría acceso, como hoy se argumenta que lo tienen, sino que la gente más pobre también tendría ese derecho.
En contra:  Si efectivamente esto sucede así, “el daño psicológico que el aborto genera en la madre que se lo realiza, independiente de su condición social, hace pensar que la verdadera inequidad está en ofrecer la posibilidad de abortar”, explica Illanes.
El doctor cuenta cómo se grafica esto con una experiencia personal. “cuando hacía mi internado de pediatría, me tocó atender a una guaguita en urgencia. La mamá lloraba desconsoladamente pues estaba muy preocupada por su hijo. Poco rato después supe que ese niño era producto de una violación. Pero ahí estaba su madre, queriendo a su hijo por sobre todas las cosas. En este caso, esa madre no se diferenciaba en nada de todas las madres a las que me había tocado atender, daba lo mismo de cómo se había partido, sino que lo importante era a dónde se había llegado. Me di cuenta que el hecho de aceptar un embarazo no deseado es cosa de tiempo, es cosa de ayudar y acoger adecuadamente a esa madre y no darle la salida que aparentemente resulta más fácil y rápida, pues esa salida termina siempre produciendo un daño mucho mayor”.
Fuente: Hacerfamilia.cl / Autor: Magdalena Pulido.

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