Verdades sobre el estado de gracia (silenciadas, desconocidas, apenas predicadas)


 «La gracia santificante es absolutamente incompatible con el pecado mortal, que supone precisamente la privación de esa justicia y santidad [que proporciona la gracia santificante…»

Por Alonso Gracián,  Infocatólica


La necesidad de estar en estado de gracia significa la necesidad de confesarse en cuanto se cometa un pecado mortal, y así poder recuperar dicho estado.

El estado de gracia es necesario para poder merecer, para aumentar la gracia, para no ser enemigo de Dios y ser grato a sus ojos.

1.- Definición.— Estado de elevación sobrenatural producido por la gracia santificante.

2.- Por qué es una “elevación».—  Porque está «por encima de todas las cosas naturales, trascendiendo y rebasando la naturaleza toda y haciéndonos entrar en la esfera de lo divino e increado. Santo Tomás ha podido escribir que la más mínima participación de la gracia santificante, considerada en un solo individuo, supera y trasciende el bien natural de todo el universo» (ROYO MARÍN, Teología de la perfección cristiana, n. 32).

3.- ¿El estado de gracia es permanente?.— No, se pierde con cualquier pecado mortal. (Suma II-II, q.24, a.11ss). No se pierde con el pecado venial.

Trento, ses. VI, cn.27: «Si alguno dijere que no hay más pecado mortal que el de la infidelidad, o que por ningún otro, por grave y enorme que sea, fuera del pecado de infidelidad, se pierde la gracia una vez recibida, sea anatema»

4.- ¿Qué significa ser justo o estar justificado?.— Ser justo o estar justificado es lo mismo que estar en estado de gracia. Porque la gracia que da el estado de gracia se llama gracia de la justificación. Es la gracia que da la cualidad de la justicia sobrenatural.

Sinónimos: gracia habitual, gracia que hace amigo (gratum faciens).

5.- ¿Todos los hombres están en estado de pecado?.— No, «los hombres se dividen en justos y pecadores» (IBÁÑEZ Y MENDOZA, Dios Santificador: I, la gracia. Palabra, Madrid, 1983, Tesis 21, pág. 161.) O sea, los que están en estado de gracia y los que están en estado de pecado mortal.

El hombre en estado de pecado es considerado por Dios, en cuanto pecador, enemigo suyo. Es el estado de gracia el que lo reconcilia con Él, haciéndolo grato a sus ojos. (Gracia gratum faciens)

«A esta disposición o preparación siguese la justificación misma que no es simple remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del hombre interior, por la voluntaria recepción de la gracia y de los dones, de donde el hombre se convierte de injusto en justo, y de enemigo en amigo» (Trento, ses. VI, cap. 7).

6.- ¿Dios Uno y Trino habita o está dentro de todas las personas?.— No, solamente habita en el alma del justificado (o sea, en el que está en estado de gracia).

—«Es cierto que en los mismos hombres justos que fueron antes de Cristo, inhabitó por la gracia el Espíritu Santo» (LEÓN XIII, Divinum illud)

7.- ¿La gracia santificante puede aumentar por las buenas obras, o sólo importa la fe?.— La gracia de la justificación aumenta con las buenas obras realizadas en estado de gracia.

—Luego no todos los hombres son igualmente pecadores, o igualmente justos. Unos tienen más méritos (merecimientos) que otros. Por las buenas obras en estado de gracia, se llega a ser más justo, a estar más justificado, porque la justicia aumenta con las buenas obras en estado de gracia:

«Si alguno dijere que las buenas obras del hombre justificado de tal manera son dones de Dios, que no son también buenos merecimientos del mismo justificado, o que éste, por las buenas obras que se hacen en Dios y el mérito de Jesucristo, de quien es miembro vivo, no merece verdaderamente el aumento de la gracia, la vida eterna y la consecución de la misma vida eterna (a condición, sin embargo, de que muriere en gracia) e incluso el aumento de la gloria, sea anatema» (Trento, ses. VI. cn. 32).

8.- El que está en estado de gracia, con sus buenas obras, merece para sí, verdadera y realmente, como retribución, aumento de gracia, de gloria y de vida eterna.— Conforme enseña la Escritura: «Cada uno recibirá su merced según su propio trabajo» (1 Cor 3, 8). Nuestro Señor Jesucristo vendrá y dará a cada cual según sus merecimientos: «Vendrá el Hijo del Hombre… con sus ángeles y dará a cada cual según sus obras» (Mt, 16, 27).

El estado de gracia (que ha hecho posible los méritos) ha sido dado gratuitamente, sin que Dios lo debiera o sin que el hombre pudiera exigirlo o extraerlo de su propia naturaleza.

Pero es tanta nuestra dependencia de Dios, que no basta estar en gracia para morir en gracia, se precisa de un auxilio divino especialísimo. Es el don de la perseverancia final, que hace coincidir el estado de gracia con el momento de la muerte. Debe pedirse con insistencia, porque es inmerecible.

Nada de lo que se realiza antes de estar en estado de gracia puede merecer el estado de gracia.

No hay méritos si no hay estado de gracia.

Porque: «Nada de lo que precede a la justificación (sea) la fe o las obras, merece la gracia misma de la justificación» (Trento ses. VI, cap. 8).

«Mientras el hombre está en pecado mortal está radicalmente incapacitado para merecer absolutamente nada en el orden sobrenatural». Sin estar en estado de gracia, «las obras naturales más heroicas no tendrían absolutamente ningún valor en orden a la vida eterna». «Un hombre privado de la gracia es un cadáver en el orden sobrenatural» (ROYO MARÍN, Teología de la perfección cristiana, n. 41).

9.- Si se comete pecado mortal se pierden todos los méritos adquiridos hasta ese momento. Pero se recuperan con la confesión.— «Quienesquiera que, en efecto, con espíritu de penitencia, cumplan, durante el gran jubileo, las saludables disposiciones de la Sede Apostólica, reparan y recuperan íntegramente aquella abundancia de méritos y dones que perdieron al pecar» (PÍO XI, bula Infinita Dei misericordia)

Catecismo, 1446: «Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros pecadores de su Iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan caído en el pecado grave y así hayan perdido la gracia bautismal y lesionado la comunión eclesial. El sacramento de la Penitencia ofrece a éstos una nueva posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación. Los Padres de la Iglesia presentan este sacramento como “la segunda tabla (de salvación) después del naufragio que es la pérdida de la gracia” (Concilio de Trento: DS 1542; cf Tertuliano, De paenitentia 4, 2).»

10.- ¿El estado de gracia es compatible con el estado de pecado mortal?.— «la gracia santificante es absolutamente incompatible con el pecado mortal, que supone precisamente la privación de esa justicia y santidad [que proporciona la gracia santificante]. […] Lo enseñó hermosamente el concilio de Trento al decir que la justificación del pecador por la gracia santificante “no es tan sólo la remisión de los pecados, sino también la santificación y renovación interior del hombre […] por lo que el hombre de injusto se hace justo y de enemigo, amigo».»

Por eso, la gracia santificante «hace que no solamente se nos repute como justos, sino que nos llamemos tales y lo seamos en verdad» (ROYO MARÍN, Teología de la perfección cristiana, n. 40).

EL ESTADO DE GRACIA por Alonso Gracián,  Infocatólica