El homosexualismo político

Este martes, 25 de octubre, El Periódico de Cataluña informaba de que, en la “lucha por la igualdad de derechos”, este año “crece el número de bodas gays en BCN ante la previsible victoria del PP”. El diario se hacía eco en la noticia de lo que las organizaciones de gays y lesbianas celebran como un éxito, que en Barcelona se hayan celebrado tan sólo 18 bodas entre personas del mismo sexo
Asociaciones como el Grupo de Amigos Lesbianas Gays Bisexuales y Transexuales o la Asociación de Familias LGBT presentan las cifras de las bodas celebradas en el Ayuntamiento de Barcelona los diez primeros meses del año como un ejemplo del auge de los matrimonios homosexuales, por el hecho de que son cuatro celebraciones más que en 2010.
Así las cosas, cabría afirmar que el homosexualismo político ‘no engaña’. Dicen que hay más bodas gays que en 2010, pero lo cierto es que se casan muy pocos, sobre todo si se tienen cuenta que la Barcelona del Gayxample, una zona de la Ciudad Condal destinada al ocio nocturno de gays y lesbianas, es al mismo tiempo una de las principales capitales europeas de la homosexualidad y un icono del turismo gay.
En ese sentido, Barcelona se ha esforzado en los últimos años a través de su Ayuntamiento en atraer y concentrar una buena parte del mundo homosexual; y ello a pesar de que, por ejemplo, en el caso del Gayxample, los vecinos protestan cada dos por tres por las fiestas nocturnas y los ruidos que generan. Un buen ejemplo es la promoción que hace el Consistorio de dos festivales de cine gay y lésbico, u otros eventos subvencionados por el Ayuntamiento, la Generalitat y la Diputación de Barcelona.
Ante esta realidad, no se puede concluir precisamente que sea un éxito el hecho de que hasta ahora se hayan celebrado en 2011 un total de 18 bodas entre personas del mismo sexo.

El fiasco de las cifras
Al mismo tiempo, hay que considerar que el caso de Barcelona viene a ser una radiografía, y ampliada, de lo que ocurre en el resto de España. Las cifras anuales de bodas gays demuestran que este tipo de matrimonios se da en un número nada significativo, sobre todo si se compara con las expectativas que dieron origen a la ley de matrimonio homosexual.
Tanto es así que el propio Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero se atrevió, antes de aprobarla, a cifrar el total de bodas para los siguientes dos años en 200.000, y aunque luego bajó la cifra a la mitad lo cierto es que en 2005, 2006, 2007 y 2008 sólo se celebraron un total de 12.324 bodas gays.
En el primer año que entró en vigor la ley, julio de 2005, el número de bodas fue de 1.269. En 2006, donde se suponía que iba a registrarse el mayor número de enlaces, se casaron 4.313; en 2007, 3.193; y en 2008, 3.549. Y hay que añadir que en estas estadísticas no juega un rol menor el matrimonio gay utilizado como instrumento para la nacionalización de inmigrantes.
Además, el matrimonio entre personas del mismo sexo implicó una revolución negativa en el Código Civil catalán al eliminar el concepto de ‘hombre’ y ‘mujer’ y de ‘padre’ y ‘madre’ a fin de dar cabida a esta nueva figura del matrimonio entre personas del mismo sexo, tan ajena a la concepción jurídica extendida en todo el mundo.
Sin embargo, las cifras de matrimonios homosexuales y cómo son valoradas por los agentes del homosexualismo político ya dicen muy a las claras la dimensión real que tiene este fenómeno y la escasa incidencia que tendría la revisión de la legislación para volver a una situación normal donde en el Código Civil ‘hombre’ y ‘mujer’ estuvieran reconocidos y ‘padre’ y ‘madre’ fueran otra vez figuras explicitas de nuestra compilación legal.
La actual situación del Código Civil tras la reforma que llevó a cabo el anterior gobierno del Tripartito fue cuestionada en julio de 2010 por Núria de Gispert, actual presidenta del Parlamento de Cataluña y miembro de la Academia de Jurisprudencia y Legislación de Cataluña, quien aseguró entonces que dicha reforma era “intervencionista y contraria al espíritu del Derecho Civil”.

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