El Papa afirma que las «vivas raices del cristianismo no se pueden arrancar»

CIUDAD DEL VATICANO, 24 ENE 2005 (VIS).-El Santo Padre recibió esta mañana al primer grupo de prelados de la Conferencia Episcopal Española que acaban de realizar su visita «ad limina». En su discurso, el Papa puso de relieve que España «es un país de profunda raigambre cristiana. (…) La Iglesia en vuestra Nación tiene una gloriosa trayectoria de generosidad y sacrificio, de fuerte espiritualidad y altruismo y ha ofrecido a la Iglesia universal numerosos hijos e hijas que han sobresalido a menudo por la práctica de las virtudes en grado heroico o por su testimonio martirial. Yo mismo he tenido el gozo de canonizar o beatificar a numerosos hijos e hijas de España. (…) Las vivas raíces cristianas de España, como puse de relieve mi última Visita pastoral en mayo de 2003, no pueden arrancarse, sino que han de seguir nutriendo el crecimiento armónico de la sociedad». Juan Pablo II señaló que en sus relaciones quinquenales los obispos habían destacado la preocupación por la vitalidad de la Iglesia y los retos y dificultades que hay que afrontar. En los últimos años, dijo, «han cambiado muchas cosas en el ámbito social, económico y también religioso, dando paso a veces la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la práctica cristiana y que afecta consiguientemente a las estructuras sociales mismas». Refiriéndose al ámbito social, el Santo Padre constató que «se va difundiendo también una mentalidad inspirada en el laicismo, ideología que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública. Esto no forma parte de la tradición española más noble, pues la impronta que la fe católica ha dejado en la vida y la cultura de los españoles es muy profunda para que se ceda a la tentación de silenciarla». Por otra parte, continuó, «la juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe. La educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia. Los poderes públicos, por su parte, tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y asegurar las condiciones reales de su efectivo ejercicio, como está recogido en los Acuerdos Parciales entre España y la Santa Sede de 1979, actualmente en vigor». El Papa habló a continuación de la situación religiosa. Según los informes de los prelados, existe, dijo, «una seria preocupación por la vitalidad de la Iglesia en España, a la vez que se ponen de relieve varios retos y dificultades. Atentos a los problemas y expectativas de los fieles ante esta nueva situación, vosotros, como pastores, os sentís interpelados a permanecer unidos para hacer más palpable la presencia del Señor entre los hombres a través de iniciativas pastorales más apropiadas a las nuevas realidades». Tras hacer hincapié en la necesidad de los sacramentos «para el crecimiento de la vida cristiana» y a la importancia de que los pastores los celebren «con dignidad y decoro», Juan Pablo II pidió «una acción pastoral que promueva una participación más asidua de los fieles en la Eucaristía dominical, la cual ha de ser vivida no sólo como un precepto sino más bien como una exigencia inscrita profundamente en la vida de cada cristiano». Refiriéndose a la solicitud de los obispos por los sacerdotes y seminaristas, afirmó que los sacerdotes «están en la primera línea de la evangelización», necesitan «de manera especial vuestro cuidado y cercanía pastoral» y «deben recordar que, antes de nada, son hombres de Dios y, por eso, no puede descuidar su vida espiritual y su formación permanente. (…) Entre las múltiples actividades que llenan la jornada de cada sacerdote, la primacía corresponde a la celebración de la Eucaristía». El Papa dijo que «una esperanza viva es el incremento de la vocaciones sacerdotales» y que no hay que «tener miedo a proponerla a los jóvenes y después acompañarlos asiduamente, a nivel humano y espiritual, para que vayan discerniendo su opción vocacional». «Los fieles católicos, a los cuales les incumbe buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según la voluntad divina, están llamados a ser testigos valientes de su fe en los diferentes ámbitos de la vida pública. (…) Los jóvenes, futuro de la Iglesia y de la sociedad, han de ser objeto especial de vuestros desvelos pastorales».

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