Que el hombre no separe lo que Dios ha unido

Evangelio Diario y Meditación

+Santo Evangelio:

Evangelio según San Marcos 10,1-12. 

Jesús fue a la región de Judea y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más. 

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?». 

El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?». 

Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella». 

Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. 

Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. 

Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido». 

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. 

El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio». 

+Meditación:

San Juan Pablo II:

“El Creador quiere desde el principio que el matrimonio sea una communio personarum en la que el hombre y la mujer «se entreguen y se reciban mutuamente» (cfr. GS 48), realizando el ideal de la unión de personas día a día y con una proyección para toda la vida. El amor esponsal puede entenderse precisamente como realización de este ideal. En una unión de este tipo, in communione personarum, se trata justamente de que la persona sea tratada siempre y en cualquier circunstancia como persona, esto es, como «la única criatura en el mundo a la que Dios quiere por sí misma» (GS 24). De modo que la mujer debe ser tratada así por el hombre, y el hombre por la mujer, tanto más cuanto que cada uno de ellos va al matrimonio con aquella «entrega desinteresada de sí mismo», de la que habla el Vaticano II (GS 24)”

“no se trata solamente del cuerpo sino del hombre, que se expresa a sí mismo por medio de ese cuerpo y en ese sentido «es», por así decirlo, ese cuerpo, el cuerpo humano en toda su verdad; se trata, por tanto, de un cuerpo impregnado, ante todo, (si así se puede expresar) de toda la realidad de la persona y de su dignidad”.

Porque “el cuerpo nunca puede reducirse a pura materia: es un cuerpo «espiritualizado», así como el espíritu está tan profundamente unido al cuerpo que se puede definir como un espíritu «corporeizado»”

+Comunión Espiritual: 


  Dices: «Venid a mí todos los que tenéis trabajos y estáis cargados, que yo os recrearé» (Mt 11,28). ¡Oh dulce y amable palabra en los oídos del pecador! ¡Que tú, Señor Dios mío, convidas al pobre y al mendigo a la comunión de tu santísimo cuerpo!  Mas, ¿quién soy yo, Señor, para que presuma llegar a ti? Veo que no cabes en los cielos de los cielos, y tú dices: «¡Venid a mí todos!”.  ¿Qué quiere decir esta tan piadosísima dignación y este tan amistoso convite? ¿Cómo osaré llegarme yo que no reconozco en mí cosa buena en que pueda confiar? ¿Cómo te hospedaré en mi casa yo, que tantas veces ofendí tu benignísima presencia? Los ángeles y arcángeles tiemblan; los santos y justos temen, y tú dices: «!Venid a mí todos!”. Si tú, Señor, no dijeses esto, ¿quién lo creería?  Y si tú no lo mandases, ¿quién osaría llegarse a ti?” (Imitación de Cristo, IV)  


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