El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí

Evangelio Diario y Meditación

+Santo Evangelio       

Evangelio según San Marcos 9,30-37. 

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, 

porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará». 

Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. 

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?». 

Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. 

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos». 

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: 

«El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado». 

+Meditación                                                                                                

(Iluminando el sentido de las Escrituras con los Santos, los Padres de la Iglesia  y el Magisterio)

San Juan Crisóstomo

 Homilia in Matthaeum, hom., 58, 2

De este modo les hace ver que deben ser humildes y sencillos, porque el niño está limpio de envidia, de vanagloria y de toda ambición de primacía. Y no les dice solamente: Si obráis de este modo, recibiréis gran recompensa, sino también, si honráis a otros por mí. «Y después de abrazarle, díjoles: Cualquiera que acogiera a uno de éstos», etc.

Beda

 In Marcum, 3, 39

En lo cual, o aconseja simplemente a los que quieren ser los primeros que reciban en honor suyo a los pobres de Cristo, o que sean niños en la malicia, a fin de que conserven la sencillez sin arrogancia, la caridad sin envidia, y la devoción sin ira. El abrazar al niño significa que los humildes son dignos de su abrazo y su amor. Y añade en mi nombre para que guiados por la razón adquieran en nombre de Cristo la virtud que observa el niño guiado por la naturaleza. Pero para que no se crea que al enseñar que era honrado en los niños se refería sólo a lo que acababan de ver, añade: «Y cualquiera que me acoge, no tanto me acoge a mí, como al que a mí me ha enviado», etc., queriendo ser considerado en igual grado que su Padre.

San Ireneo de Lyon 

Contra las herejías IV 38,1-2

      ¿Es que Dios no podía crear al hombre perfecto desde el primer momento? A Dios, que desde el principio permanece idéntico a si mismo, increado, todo le es posible. En cambio, los seres creados, llamados a la existencia después de Dios, son necesariamente inferiores a su creador… Por el simple hecho de ser creados no son perfectos. Son como niños pequeños, acabados de nacer, no están acostumbrados ni ejercitados en una conducta perfecta…Dios, desde un principio, podía dar la perfección al hombre, pero éste era incapaz de recibirla porque no era sino un niño pequeño. 

      Por esto, el Señor, en los tiempos que son los últimos, cuando ha recapitulado en él todas las cosas (Ef 1,10) ha llegado hasta nosotros, no según su poder, sino tal como éramos capaces de reconocerlo. Habría podido, en efecto, venir a nosotros en el esplendor de su gloria, pero nosotros no hubiéramos sido capaces de soportar la grandeza de su gloria… El Verbo de Dios, siendo perfecto, se hizo niño con el hombre, no a causa de si mismo, sino a causa del estado de infancia en que se encontraba la humanidad.

+Comunión Espiritual

De Santa Margarita María Alacoque:  

“Padre eterno, permitid  que os  ofrezca el Corazón de Jesucristo,  vuestro  Hijo muy  amado, como se ofrece Él mismo, a Vos  en sacrificio. Recibid  esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos  y actos de este Sagrado Corazón. Todos son  míos, pues Él se inmola por mí,  y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por  sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia  final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra  Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado.” Amén.

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