Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro

Evangelio Diario y Meditación

+Santo Evangelio

Evangelio según San Lucas 11,37-41. 

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. 

El fariseo se extrañó de que no se lavara antes de comer. 

Pero el Señor le dijo: «¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. 

¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? 

Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro. 

+Meditación:

San Ambrosio

Aquí nuestros cuerpos son comparados con las cosas terrenas y frágiles, que al menor golpe se quiebran. Lo que está en lo interior del alma se revela fácilmente por medio de los sentidos y los movimientos del cuerpo, del mismo modo que se ve por fuera lo que una copa contiene. Por tanto no cabe duda de que con la palabra copa se da a conocer las pasiones del cuerpo. Observemos que no es lo exterior de esta copa y de este plato lo que nos mancha, sino lo interior, porque dijo el Señor: «Mas vuestro interior está lleno de rapiña y de maldad”.

El Señor, como buen maestro, nos enseña de qué modo debemos limpiar la impureza de nuestro cuerpo, diciendo: «Esto no obstante, lo que resta, dad limosna: y todas las cosas os son limpias». Ve aquí cuántos remedios. La misericordia nos purifica, la palabra de Dios nos purifica, según lo que está escrito (Jn 15,3): «Ya habéis quedado limpios por la palabra que os he dicho».

+Comunión Espiritual:

De Santa Margarita María Alacoque

  “Padre eterno, permitid  que os  ofrezca el Corazón de Jesucristo,  vuestro  Hijo muy  amado, como se ofrece Él mismo, a Vos  en sacrificio. Recibid  esta ofrenda por mí, así como por todos los deseos, sentimientos, afectos  y actos de este Sagrado Corazón. Todos son  míos, pues Él se inmola por mí,  y yo no quiero tener en adelante otros deseos que los suyos. Recibidlos para concederme por  sus méritos todas las gracias que me son necesarias, sobre todo la gracia de la perseverancia  final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y alabanza que ofrezco a vuestra  Divina Majestad, pues por el Corazón de Jesús sois dignamente honrado y glorificado.” Amén.

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