¿Dimitir?: Respuesta a Hans Küng y Paulo Evaristo Arns

La lluvia de opiniones sobre la permanencia del Santo Padre en su Pontificado se ha multiplicado. En un mundo donde se cree que lo óptimo es sinónimo de lo dinámico, novedoso, atlético, mecánico, sensual, etc. los que ya están físicamente desgastados, (aparentemente) estorban…, sobre todo cuando se adora la apariencia y se descuida el contenido. No han perdido oportunidad, los buscadores de protagonismo para referirse al tema, lo que no nos sorprende. En variadas ocasiones, dichas intervenciones no causan más que risas. El llamado teólogo Hans Küng buscó una gran portada alemana, invitando al Papa a dimitir por el «bien de la Iglesia». Lo mismo hizo el Señor Cardenal Paulo Evaristo Arns, del Brasil, con sus lamentables palabras: «Sí, es hora de que el Papa renuncie». Lo cómico radica en que, ambos comentaristas, están de edad bien avanzada y sin embargo, quieren continuar muy vigentes, lo que es evidente. Que dirían, estos comentaristas, del Varón de dolores de Isaías: «Despreciado, marginado, hombre doliente y enfermizo,…molido por nuestras culpas,…y él se humilló y no abrió la boca…» (Is. 53) Y ante el Señor Jesús, en el Huerto de los Olivos, o luego de la flagelación, o en el Camino al Calvario: ¿que comentario harían? Está claró que vocación de Simón de Cirene no tienen. Lo más probable es que hubiesen recomendado, al Señor, «renunciar» por el supuesto bien de la Iglesia. Que confundidos están los que se tienen por sabios o por fuertes, en este mundo.La obsesión de la prensa y diversos sectores, sobre la conducción de la Iglesia, no es más que la manifestación de la superficialidad imperante y la torpe convicción, de que los que se tienen por fuertes y sabios, no logran captar que la eficacia verdadera está por sobre la fuerza física y la suficiencia activista: “¿Dimisión del Papa? Dejémoslo a su conciencia. Si hay un hombre que sabe lo que ha de hacerse es él mismo”, declaró el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, a los periodistas, luego de la inauguración de la nueva sede de la Librería Editrice Vaticana. «Si hay un hombre que tiene una sabiduría maravillosa ése es él», añadió. «Nosotros tenemos que tener una enorme confianza en él.

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