¡Hay que analizar causas de demanda de armas!

El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, intervino el lunes en la sesión del Comité Preparatorio de la Conferencia de la ONU para analizar los progresos efectuados en la ejecución del Programa de Acción para impedir, combatir y erradicar el tráfico ilícito de armas pequeñas y ligeras (SALW) en todos sus aspectos. El nuncio recordó que esa reunión es la más importante desde la adopción en 2001 del Programa de Acción, que «está teniendo importantes repercusiones en la promoción del desarme, la paz y la reconstrucción tras los conflictos, así como en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado». «La Conferencia que se celebrará en 2006 -agregó- debería llegar a un acuerdo para establecer programas más amplios de cooperación internacional para promover partes claves del Programa de Acción como la gestión y seguridad de los almacenes de municiones, la recogida y destrucción segura de armas y municiones y los controles nacionales sobre producción y traslados de armas pequeñas y ligeras. Sería demás muy útil analizar con seriedad la posibilidad de negociar un instrumento legalmente vinculante sobre el tráfico internacional de armas (…) basado en los principios básicos del derecho internacional». Asimismo, la Conferencia tendría que representar un trampolín para que «los estados interesados y las organizaciones más relevantes elaboren principios, políticas y programas para (…) prevenir y reducir el tráfico, la proliferación y el uso impropio de las armas pequeñas y ligeras».

«Este proceso a menudo se ha centrado en el abastecimiento para la venta de armas -prosiguió el observador permanente de la Santa Sede-, (…) sin embargo si tenemos en cuenta tanto los costes humanos como su profunda conexión con el proceso de desarrollo sostenible resulta claro que hay que prestar más atención a la reducción de la demanda de armas pequeñas y ligeras. Para reducir drásticamente la demanda de este tipo de armas no sólo es necesaria la política sino también una investigación más certera de las dinámicas de los conflictos, del crimen y la violencia. Este hecho es un aldabonazo a nuestra responsabilidad en la promoción de una verdadera cultura de paz de y vida entre todos los miembros de la sociedad». El arzobispo concluyó subrayando la necesidad urgente de «normas y programas internacionales adecuados para resolver la cuestión de la demanda», así como de «la puesta en marcha de actividades educativas y programas de sensibilización que involucren a la sociedad civil».

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