¡SANTO PADRE EN LOURDES!

FRANCIA (FD).-El Santo Padre fue recibido en el aeropuerto por el Presidente francés Jacques Chirac, el Nuncio Apostólico en Francia, Mons. Fortunato Baldelli, el Arzobispo de Bordeaux y Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, Mons. Jean-Pierre Ricard, y por el Obispo de Tarbes y Lourdes, Mons. Jacques Perrier. Al llegar como peregrino al Santuario de Lourdes para celebrar el 150º Aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, señaló: “busco unirme con íntima disposición a los millones de peregrinos que de todas las partes del mundo vienen cada año a Lourdes, para confiar a la Madre del Señor las intenciones que llevan en el corazón y a pedir su ayuda e intercesión”. El Papa recordó sus viajes anteriores a Francia y aprovechó la ocasión para “rendir homenaje al gran patrimonio de cultura y de fe que ha marcado su historia”. En el impresionante momento en que el Santo Padre se encontraba ante la gruta, de rodillas y orando, sorpresivamente, por una singular reacción, dió la impresión de manifestar cierto malestar físico, causando gran preocupación entre los asistentes. Como es la tradición de la piedad, en Lourdes, le ofrecieron a beber agua de la milagrosa fuente, a modo de socorrerlo. El Santo Padre fue trasladado por las vías de Lourdes, hacia la gruta, rezando el Santo Rosario entre los miles de peregrinos que asisten fervorosos al Santuario, los que se han incrementado con la visita del Romano Pontífice. “No puedo, en efecto, olvidar a los grandes santos de esta vuestra tierra, los ilustres maestros de pensamiento cristiano, las escuelas de espiritualidad, los numerosos misioneros que han dejado la patria para llevar a todo el mundo en anuncio de Cristo Señor”, agregó. El Santo Padre defendió finalmente el derecho de la Iglesia de “ofrecer a la sociedad su contribución específica en la edificación de un mundo en el que los grandes ideales de libertad, igualdad y fraternidad puedan constituir la base de la convivencia social, en la búsqueda y la promoción incansable del bien común”.

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