LA DEFENSA DEL ORDEN NATURAL: EN CANADA Y ESPAÑA

El 4 de mayo, el parlamento canadiense avanzó en la aprobación del proyecto de ley de redefinición del matrimonio (C-38) que daría marco legal al llamado “matrimonio entre personas del mismo sexo”, votándolo a favor por 164 a 137, en la segunda de las tres votaciones necesarias para sancionarlo. La diferencia, mucho menor de la que el gobierno esperaba, se debió a que 35 parlamentarios que responden al partido gobernante, votaron en contra del proyecto. Estos parlamentarios desafiaron así al autoritario primer ministro Paul Martin, quien pretendió imponer la disciplina de partido, en contra de la libertad de conciencia. Recordemos que Martin, que se presenta como “católico comprometido”, fue acusado de dar “un contumaz escándalo por su incoherencia moral”, por el obispo de Calgary, Mons. Fred Henry, (vid. NG 648) A esta rebelión contra Paul Martin, no serían ajenos los reclamos y las medidas concretas que tomaron la Conferencia Episcopal de Canadá y los obispos de ese país, (vid. NG 694 y 695, Los obispos llaman a la resistencia; NG 710) Comentando el resultado de la votación, Life Site decía que el proyecto C-38, hizo entender a muchos ciudadanos la importancia de acudir a votar y a hacerlo según sus principios, “pero sobre todo son los líderes de las confesiones religiosas quienes se han dado cuenta que la prescindencia lleva al derrumbe social”. Seguía diciendo Life Site, que hasta la tormenta desencadenada por el proyecto de “matrimonio homosexual”, en muchas comunidades y grupos religiosos se impedía hasta la circulación de impresos aclarando la posición de los candidatos políticos en temas de vida humana y familia. Una visión equivocada de la autonomía de las realidades terrenas -concluyó Life Site- dejó libres las manos al “progresismo” durante décadas, lo que produjo cambios radicales contra el orden natural en la sociedad canadiense.

Pero el 5 de mayo, otra noticia que sacudió a quienes seguían el desarrollo del debate sobre las “uniones de gays y lesbianas”: caería el gobierno canadiense el 18 de mayo, día en el que se sometería a un voto de confianza del parlamento. De ser así se impediría que el inicuo proyecto C-38, fuera sancionado por ahora. Si cae el gobierno, las elecciones generales se realizarían en el mes de junio, y según Dr. Charles McVety, director de la Defend Marriage Coalition, la campaña por defender el verdadero matrimonio alteraría el mapa electoral.

Sea cual sea el resultado de los vaivenes políticos, y sin querer interpretar la Providencia de Dios, recordemos por ejemplo al Arzobispo de Toronto, cardenal Aloysius Ambrozic, que junto a otras acciones, mandó a todos los sacerdotes de su diócesis, que en todas las celebraciones litúrgicas, incluidas todas las Misas, “hasta la Pascua de 2005, se elevaran oraciones pidiendo el fracaso de los intentos del gobierno para redefinir el matrimonio”. Ambrozic, también mandó a todos los sacerdotes, a que después de la celebración de la Misa, “animaran a los fieles a tomar parte activa contra los proyectos del gobierno”. La oración y la acción del pueblo cristiano deben ir a la par, sólo así -sin cálculos sobre el éxito humano, sin importarle el resultado temporal- podrá repetir con San Pablo: he peleado el buen combate.

España: no podrán votar a favor de esta norma

Saliendo al paso del tratamiento en el Senado del proyecto de ley inicua que “extendería” los beneficios del matrimonio a las parejas homosexuales, incluyendo la posibilidad de la adopción de menores, el 5 de mayo la Conferencia Episcopal Española hizo público un nuevo comunicado, recordando la doctrina común, perenme y universal de la Iglesia: La ley injusta o inicua no es ley. (Vid. 705-707, entre otros)

Dice el documento,“como consecuencia de lo anterior, recordamos que los católicos, como todas las personas de recta formación moral, no pueden mostrarse indecisos ni complacientes con esta normativa, sino que han de oponerse a ella de forma clara e incisiva. En concreto, no podrán votar a favor de esta norma y, en la aplicación de una ley que no tiene fuerza de obligar moralmente a nadie, cada cual podrá reivindicar el derecho a la objeción de conciencia. El ordenamiento democrático deberá respetar este derecho fundamental de la libertad de conciencia y garantizar su ejercicio”.

Ahora se espera , que al igual que la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (NG 649, 663, 664), los obispos españoles recuerden la doctrina sobre la recepción de los sacramentos, especialmente de la Sagrada Comunión a aquellos católicos que incurran en el escándalo público de apoyar el perverso proyecto de ley. FIN, 12-05-05.

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