El Buen Pastor en el sacerdote

La vida de los Apóstoles se concreta en el seguimiento evangélico de Cristo para ser fieles a su misión. Es vida de caridad pastoral como signo transparente de la vida del Buen Pastor.

Cristo hizo de la vida una donación total según los designios salvíficos del Padre en el amor del Espíritu Santo: dándose a sí mismo (pobreza), sin pertenecerse (obediencia), como esposo o consorte de la vida de cada persona humana (virginidad o castidad).
La vida apostólica o vida evangélica de los Apóstoles sigue siendo una urgencia para todos sus sucesores (los obispos) e inmediatos colaboradores (los presbíteros). Sus elementos esenciales son:

-Generosidad evangélica para el seguimiento del Buen Pastor e imitación de sus virtudes (obediencia, castidad, pobreza),

para el seguimiento del Buen Pastor e imitación de sus virtudes (obediencia, castidad, pobreza),

disponibilidad misionera como prolongación de la misión de Cristo (+cap.6),

 

fraternidad sacerdotal para ayudarse en la generosidad evangélica y en la disponibilidad misionera (+cap.7).
Las virtudes concretas delinean la fisonomía del Buen Pastor y enraízan en la caridad pastoral. Se trata de ordenar las tendencias más hondas del corazón humano según el amor (ordo amoris: I-II,62,a.2):

 

-Ordenar la tendencia a desarrollar la propia libertad y voluntad: siguiendo los designios salvíficos de Dios Amor sobre la humanidad (obediencia).

 

-Ordenar la tendencia a la amistad, intimidad y fecundidad: compartiendo esponsalmente con Cristo la historia humana (castidad o virginidad).

 

-Ordenar la tendencia a apoyarse en las criaturas: apreciándolas como dones de Dios, para tender al mismo Dios y compartir los bienes de los hermanos (pobreza).
La obediencia que deriva de la caridad pastoral es parte integrante de la acción ministerial. Los designios salvíficos de Dios Amor se manifiestan a través de los signos pobres del hermano, de los acontecimientos y de las luces e inspiraciones del Espíritu Santo. Entre estos signos hay que destacar, como «principio de unidad» (LG 23), el servicio de presidencia por parte de la Jerarquía y, en concreto, del obispo (+Ef 2,19-20).
La obediencia evangélica se concreta en la audacia de una santa libertad de diálogo sincero que es garantía de docilidad incondicional (PO 15).

 

La castidad o virginidad (llamada también celibato) es «signo y estímulo de la caridad pastoral y fuente de fecundidad espiritual en el mundo» (PO 16; +LG 42). La castidad virginal tiene, pues, estas dimensiones:

 

-Dimensión cristológica: amistad profunda con Cristo, a partir de una declaración de amor y de una entrega esponsal a su obra salvífica.

 

-Dimensión eclesial: ser signo del amor esponsal entre Cristo y su Iglesia, sirviendo y amando a la Iglesia como Cristo la amó y sirvió.

 

-Dimensión antropológica: de perfección cristiana de la personalidad por un proceso de donación que es relación profunda con Cristo y fecundidad apostólica.

 

-Dimensión escatológica: como signo y anticipo de un encuentro final con Cristo, «al servicio de la nueva humanidad que Cristo, vencedor de la muerte, suscita por su Espíritu en el mundo» (PO 16).

 

La pobreza evangélica de la vida apostólica (o vida de los doce Apóstoles) es una expresión necesaria de la caridad pastoral: darse como Cristo. El Señor amó así: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8,20). La pobreza ministerial, a la luz de la caridad pastoral, encuentra unas pautas de aplicación en la doctrina y disposiciones de la Iglesia durante la historia, como herencia recibida de la tradición apostólica (apostolica vivendi forma):

 

-Vivir del propio trabajo pastoral.

 

-Disponer de los bienes que provienen de este trabajo, con una moderación de vida, limosna, compartir con los hermanos del Presbiterio y con la comunidad eclesial.

 

-Devolver a la comunidad y a los pobres lo que no se necesita para una vida verdaderamente sacerdotal (+Mt 10,8-11; PO 17; can. 282,387).

JUAN ESQUERDA BIFET     Esquemas de espiritualidad sacerdotal

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