LA PAZ SE CONSTRUYE CON LA APORTACION DE TODOS

(VIS).-En la basílica vaticana, el Papa presidió la celebración eucarística en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, con motivo de la XXXIX Jornada Mundial de la Paz. El Santo Padre dijo en la homilía que al escoger el tema «En la verdad, la paz», para la Jornada Mundial de este año, había querido «expresar la convicción de que donde y cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz». Tras hacer hincapié en que la paz es «la gran aspiración del corazón de cada hombre y de cada mujer, y se construye día tras día con la aportación de todos», el Papa afirmó que «ante las situaciones de injusticia y de violencia que siguen oprimiendo diferentes zonas de la tierra, ante las nuevas y más insidiosas amenazas contra la paz -el terrorismo, el nihilismo y el fundamentalismo fanático-, ¡es más necesario que nunca trabajar juntos por la paz!». «Es necesario un «empuje» de valentía y de confianza en Dios y en el hombre para optar por recorrer el camino de la paz. Es algo que tienen que hacerlo todos: individuos y pueblos, organizaciones internacionales y potencias mundiales». En este sentido, recordó que en el mensaje para el día de hoy, había invitado a la Organización de las Naciones Unidas «a tomar una nueva conciencia de su responsabilidad en la promoción de los valores de la justicia, de la solidaridad y de la paz, en un mundo cada vez más marcado por el amplio fenómeno de la globalización». Benedicto XVI señaló que «si la paz es la aspiración de toda persona de buena voluntad, para los discípulos de Cristo es un mandato permanente que compromete a todos; es una misión exigente que les lleva a anunciar y a testimoniar «el Evangelio de la Paz», proclamando que el reconocimiento de la verdad plena de Dios es condición previa a indispensable para la consolidación de la verdad de la paz. Que esta convicción sea cada vez mayor, de manera que toda comunidad cristiana se convierta en «levadura» de una humanidad renovada en el amor». El Papa concluyó acudiendo a María, para aprender de Ella a «ser discípulos del Señor atentos y dóciles. Con su ayuda maternal, deseamos comprometernos a trabajar con empeño en el «taller» de la paz, siguiendo a Cristo, príncipe de la Paz».

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