La sobriedad como estilo de vida

“En nuestro mundo lleno de incertidumbre y violencia, que este tiempo de Adviento y de espera ante la venida del Príncipe de la Paz, nos haga meditar en la Palabra de Dios. Evitemos dormirnos y preparemos con determinación el camino del Señor

«A Él es necesario abrir la puerta, preparar el camino»

Por Benedicto XVI, año 2011:

«Este domingo marca la segunda etapa del Tiempo de Adviento. Este periodo del año litúrgico pone en evidencia las dos figuras que han tenido un papel preeminente en la preparación de la venida histórica del Señor Jesús: la Virgen María y san Juan el Bautista. Precisamente sobre este último se concentra el texto de hoy del Evangelio de Marcos. De hecho describe la personalidad y la misión del Precursor de Cristo (cfr Mc 1,2-8). Comenzando por el aspecto externo, Juan es presentado como una figura muy ascética: vestido con una piel de camello, se alimenta con langostas y miel silvestre, que encuentra en el desierto de Judea (cfr Mc 1,6). Una vez, el mismo Jesús lo contrapuso a aquellos que “están en los palacios de los reyes” y que “visten con refinamiento” (Mt 11,8). El estilo de Juan el Bautista debería llamar a todos los cristianos a escoger la sobriedad como estilo de vida, especialmente en preparación a la fiesta de la Navidad, en la que el Señor – como diría san Pablo – “ siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9).

Por lo que concierne la misión de Juan, esa fue un llamamiento extraordinario a la conversión: su bautismo “está ligado a una ardiente invitación a un nuevo modo de pensar y de actuar, está ligado sobre todo al anuncio del juicio de Dios” (Jesús de Nazaret, I, Milán 2007, p. 34) y a la inminente aparición del Mesías, definido como aquel “que es más poderoso que yo” y que “bautizará con el Espíritu Santo”(Mc 1,7.8). El llamado de Juan va por lo tanto más allá y más profundamente con respecto a la sobriedad del estilo de vida: llama a un cambio interior, a partir del reconocimiento y de la confesión del propio pecado. Mientras nos preparamos a la Navidad, es importante que volvamos a entrar en nosotros mismos y que hagamos una constatación sincera sobre nuestra vida. Dejémonos iluminar por un rayo de la luz que proviene de Belén, la luz de Aquel que es “el más Grande” y se ha hecho pequeño, “el más Fuerte” y se ha hecho débil.

Los cuatro Evangelistas describen la predicación de Juan el Bautista haciendo referencia a un pasaje del profeta Isaías: “Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!” (Is 40,3). Marcos incluye también una citación de otro profeta, Malaquías, que dice: “Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí” (Mc 1,2; cfr Mal 3,1). Estas referencias a las Escrituras del Antiguo Testamento “hablan de la intervención salvífica de Dios, que brota de su inescrutabilidad para juzgar y salvar; a Él es necesario abrir la puerta, preparar el camino” (Jesús de Nazaret, I, p. 35).

A la maternal intercesión de María, Virgen de la espera, confiamos nuestro camino- encuentro hacia el Señor que viene, mientras proseguimos nuestro itinerario de Adviento para preparar en nuestro corazón y en nuestra vida la venida del Emanuel, el Dios-con-nosotros.

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