La supresión del celibato es una trampa

Argentina.-El Papa Benedicto XVI convocó hace unos años el Año Sacerdotal para “promover un proceso de fe viva en el ministerio que desempeñamos”, y “no puede callar” que en el clero “hay situaciones, nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros”, dijo en su reflexión del fin de semana el arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Juan Giaquinta.

El prelado advirtió que esas “situaciones” no pueden ser vistas “con indiferencia, con desesperación, o como si fuesen sólo construcciones mediáticas” porque “también a través de ellas el Señor nos llama a la conversión”, sino que tienen que “llenarnos de humildad, y ser un acicate para que los clérigos crezcamos en la fe y hagamos una profunda revisión de nuestra vida y ministerio”.

Por ese motivo el prelado instó a preguntarse “si hay coherencia entre el ministerio que ejercemos y el estilo de vida que adoptamos; y, en particular, si éste facilita la oración, la escucha de la Palabra de Dios y el ejercicio de la caridad pastoral; pues si bien el hábito no hace al monje, no menos cierto es que éste necesita de un estilo de vida acorde con la vocación abrazada”. También, “si el proceso seguido en la institución y ordenación de los diversos ministros (desde el lector hasta el obispo) corresponde a un camino objetivo de crecimiento y maduración” y “si al proceder a la ordenación de un presbítero, los obispos sacramentalizamos una “presbiterialidad” ya manifiesta en el candidato; o, tal vez, obramos según la rutina, o nos dejamos tentar por la urgencia de cubrir las vacantes pastorales”. Por otro lado, advirtió sobre “la falsa ilusión de multiplicar el número de ministros por la supresión del celibato sacerdotal”. En ese sentido sostuvo que “lastimosamente algunos se dejan tentar, y en vez de alimentar su ideal de consagración en la Palabra de Dios, asumen la opinión de la prensa que a veces pontifica sobre las cosas divinas. Es una trampa en la que fieles y pastores no debemos caer”.

Subrayó la necesidad de “afirmarse con claridad que el candidato a las sagradas órdenes en la Iglesia latina ha de contar con una doble vocación: a la vida de consagración a Dios mediante el celibato voluntario y perpetuo, y al ejercicio de la caridad pastoral. Y ello, comprobado por el sujeto y mostrado a la Iglesia a través de un camino adecuado, que incluye haber adquirido el hábito de la oración personal. El celibato sacerdotal no es una condición extrínseca que se añade después de la ordenación. Sino una condición previa a la misma, cuyo fundamento es la fe viva en Jesucristo que invita a dejar todo por amor a él para seguirlo”.

Por último, aclaró que “la Iglesia nunca abolirá el criterio apostólico” según el cual cada uno debe seguir viviendo “en la condición que el Señor le asignó y en la que se encontraba cuando fue llamado”, ni tampoco la norma eclesiástica de que “el ministro que fue ordenado siendo célibe permanezca célibe, y el que fue ordenado estando casado permanezca casado”. Por lo tanto, señaló, “nunca habrá un celibato optativo en el sentido que muchas veces se lo formula en la prensa: que los ministros ordenados siendo célibes puedan casarse”.

Texto completo de la homilía

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