"La oscuridad acerca de Dios y la oscuridad acerca de los valores son la verdadera amenaza para nuestra existencia y para el mundo en general. Sin Dios y los valores, la diferencia entre el bien y el mal permanecen en la oscuridad, entonces todas las otras iluminaciones, que nos dan un poder verdaderamente increíble, dejan de constituir solamente progresos, sino pasan a ser simultáneamente amenazas que nos ponen en peligro a nosotros y al mundo". En la homilía de la Vigilia Pascual en la Noche del Sábado de Aleluya el Santo Padre reafirmó el sentido de la nueva creación iniciada con la resurrección del Señor.
En el cirio pascual, vemos "un apelo dirigido a nosotros mismos", expresó el Papa
"La Pascua es la fiesta de la nueva creación" en la cual ella "se tornó mayor y más vasta". La liturgia de la Vigilia Pascual habla sobre la luz. "La luz torna posible la vida; torna posible el encuentro; torna posible la comunicación; torna posible el conocimiento, el acceso a la realidad, a la verdad. Y, haciendo posible el conocimiento, posibilita la libertad y el progreso. El mal se esconde". Por eso, "el hecho – continuó el Papa – de Dios haber creado la luz significa que Él creó el mundo como espacio de conocimiento y de verdad, espacio de encuentro y de libertad, espacio del bien y del amor. La materia-prima del mundo es buena; el propio ser es bueno. Y el mal no viene del ser que es creado por Dios, sino existe solo en virtud de su negación. Es el «no»".
La oscuridad acerca de Dios es la verdadera amenaza para nuestra existencia
Benedicto XVI, al continuar el tema de la luz, dijo que "la oscuridad acerca de Dios y la oscuridad acerca de los valores son la verdadera amenaza para nuestra existencia y para el mundo en general".
"En las cosas materiales -observó el Papa- sabemos y podemos increíblemente tanto, pero en aquello que está más allá de esto, como Dios y el bien, ya no lo conseguimos individualizar. Para esto sirve la fe, que nos muestra la luz de Dios, la verdadera iluminación: aquella es una irrupción de la luz de Dios en nuestro mundo, una apertura de nuestros ojos a la verdadera luz".
El Pontífice concluyó la homilía con un pensamiento sobre el cirio pascual, que es símbolo de Cristo Resucitado y modelo para los cristianos de una dedicación total. "Se trata de una luz que vive en virtud del sacrificio: la vela ilumina, consumiéndose a sí misma; da luz, dándose a sí misma. Este es un modo maravilloso de representar el misterio pascual de Cristo, que se da a Sí mismo y así da la gran luz". Es también símbolo del fuego "una luz en la cual vienen a nuestro encuentro el calor y la bondad de Dios". Expresa también la cooperación de los creyentes. "Así podemos ver, en el cirio, también un apelo dirigido a nosotros mismos y a nuestra comunión con la comunidad de la Iglesia, que existe para que la luz de Cristo pueda iluminar al mundo".

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