Los verdaderos custodios del Gemelli.

(Agencias) El movimiento de las persianas de la cuarta planta del policlínico Agostino Gemelli, de Roma, orientó ayer el estado de ánimo de los cientos de personas que rodeaban el centro médico. Bajaron en un golpe seco a primera hora de la mañana, y el silencio en la calle fue absoluto. Volvieron a subir, y se reanudó el sonido de los tambores y cánticos polilingües y descoordinados que, más o menos, decían lo mismo: «Juan Pablo II, no te rindas», o bien, en español con acento gallego, el infalible: «Juan Pablo segundo, te quiere todo el mundo», que entonaban unos jóvenes de Vigo. Los vecinos de la policlínica llenaban los balcones con la vista puesta en las austeras ventanas del Gemelli. En la calle, algunos rezaban. «¡He visto la mano del Papa!», gritaba Martina Sciullo, de 13 años, señalando con el dedo hacia la planta cuarta. «Creo que yo he visto algo más, pero no sé si era del Papa», añadió Annamaria, su madre. Esas visiones, comunicadas en el acto, provocaban gran admiración en el entorno. Un grupo de los autodenominados papaboys entonaba y repetía la frase «sólo la caridad salvará al mundo». «He estado muy atenta a la ventana y no ha aparecido nadie –comentó Lucía, de 62 años–. Eso no es una decepción. He venido aquí a rezar por alguien que sufre». Muy cerca de allí, en la pequeña iglesia polaca de San Estanislao de Roma, varios centenares de compatriotas de Juan Pablo II rodeaban al padre Marek. «Los polacos hemos venido a Italia siempre por razones económicas, pero cuando el Papa está muy enfermo nuestros rezos son para él –dijo el religioso, que acababa de saber que Juan Pablo II se había acercado a la ventana–. Él no tirará nunca la toalla, él quiere luchar hasta el final, aunque sea en silencio, porque eso da fuerza a millones de católicos». En la plaza de San Pedro, en el Vaticano, la hora del Ángelus congregó a miles de personas, turistas, fieles o romanos expectantes, que escucharon las palabras escritas por el Papa, pero leídas por Leonardo Sandri, con un interés excepcional. No todos eran católicos.

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