Una mujer salvó a su hijo por nacer practicándose una cesárea en su humilde choza, sin más bisturí que un cuchillo y sin más anestesia que un poco de alcohol. (Agencia AP).

Inés estaba sola en su choza cuando llegaron los dolores de parto. Su séptimo hijo estaba listo para nacer, pero nadie podría asistirla. Su esposo estaba borracho en una cantina y ni ella ni el bar tenían teléfono para comunicarse. El puesto de salud más cercano estaba a 50 millas de distancia y para llegar debía atravesar caminos escabrosos que no podría recorrer sola ni a tiempo. Tres años atrás, Inés había dado a luz a una bebita muerta y temía que la historia se repitiese mientras sufría dolores de parto cada vez más agudos. “A medianoche, la pequeña mujer de 40 años de edad, se sentó en un banquito bajo de madera.

Tomó varios tragos de una botella de alcohol para fricciones, aferró con su mano el cuchillo de seis pulgadas que utilizaba para matar animales y lo apuntó hacia su vientre. Y empezó a cortar”, reportó AP. Según el relato de Inés, “se cortó la piel, la grasa y los músculos antes de llegar al interior del útero y sacar a su bebé, un varón. Ella cuenta que cortó el cordón umbilical con un par de tijeras, y después se desmayó”. La hazaña de Inés es ahora reconocida como un milagro moderno y se cree que es la única mujer que logró con éxito una autocesárea. “No podía resistir más el dolor. Y si mi bebé iba a morir, entonces decidí que yo moriría también. Pero si iba a crecer, yo iba a verlo crecer, e iba a estar con mi hijo. Pensé que Dios salvaría la vida de los dos”, confesó Inés.

El asistente de salud del pueblo, León Cruz, fue el primer profesional en llegar a la choza. Describió en detalle lo que vio al médico Honorio Galván, quien recibió a Inés y su bebé en el hospital San Pablo Huixtepec, al sur de la ciudad de Oaxaca, México. “Por lo que vi, era evidente que esa cirugía no fue hecha por nadie que tuviera conocimientos médicos. No podía creer que alguien sin anestesia pudiera operarse y quedar con vida”, dijo Galván. “No hay ningún doctor o curandero en el pueblo, y es muy dudoso que nadie fuera capaz de hacerle esto a ella.

Si así fuere, como es un pueblo pequeño, se habría sabido rápidamente, y nos habríamos enterado. Un pueblo entero no puede mentir. ¿Qué ganarían con ello?”. Los doctores llevaron a la madre y al niño a la sala de operaciones. “Galván tomó fotografías mientras su colega, el doctor Jesús Guzmán, abría a Ramírez para comprobar que su útero había recuperado su tamaño normal y que el sangramiento se había detenido y que no mostrara señales de infección.

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