El Voluntariado Católico

Ante la crisis e incertidumbre del mundo, sin caer en el desaliento y las ideologías, con Cristo, seamos instrumentos visibles del amor de Dios. En el día de san Martín de Tours, ejemplo de los voluntarios católicos en Europa y en todo el mundo y patrono de Caritas Internacional, Benedicto XVI recibió  a los participantes en el encuentro, que el Pontificio Consejo «Cor Unum» ha organizado en este Año Europeo del Voluntariado. El Papa empezó agradeciendo a los millones de voluntarios católicos:
«Deseo expresarles mi profunda gratitud, que extiendo, a los millones de voluntarios católicos, que contribuyen constante y generosamente, a la misión caritativa de la Iglesia en todo el mundo. En el momento presente, marcado por la crisis y la incertidumbre, vuestro compromiso impulsa con razón la confianza, porque muestra que la bondad sincera existe y que está creciendo en nuestro alrededor. Sin duda la fe de los católicos se refuerza viendo el bien que se hace en nombre de Cristo (cf. Flm 6)».
Recordando que para los cristianos, el voluntariado no es meramente una expresión de buena voluntad, sino que se basa en una experiencia personal de Cristo – que fue el primero en servir a la humanidad, dando su vida libremente, por el bien de todos – como experimentamos en la Eucaristía – el Santo Padre evocó su primera Encíclica, reiterando que Dios es amor.
Alentando a no caer en el desaliento o en las ideologías, Benedicto XVI hizo hincapié en que con la gracia de Cristo, podemos ser instrumentos visibles de su amor en un mundo que anhela profundamente ese amor, en medio de la pobreza, la soledad, la marginación y la ignorancia que vemos a nuestro alrededor:
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«El voluntariado católico no puede, por supuesto, responder a todas estas necesidades, pero ello no nos desalienta. Tampoco debemos dejarnos seducir por ideologías, que quieren cambiar el mundo según una visión puramente humana. Lo poco que logramos hacer para aliviar las necesidades humanas puede ser visto como una buena semilla que crecerá y dará mucho fruto, pues es un signo de la presencia y del amor de Cristo que, como el árbol en el Evangelio, crece para dar cobijo, protección y fuerza a todos los que así lo requieran».

Alentando pues al testimonio cristiano, con toda humildad y convicción, por el bien de toda la sociedad civil, el Santo Padre señaló que las autoridades públicas tienen el deber de reconocer y apreciar esta contribución, sin distorsionarla. Y sin olvidar el papel de los cristianos como parte activa en la vida de la sociedad, intentando que ésta sea cada vez más humana y marcada por la auténtica libertad, justicia y solidaridad.
Una vez más en este contexto, el Papa subrayó la importancia de las raíces espirituales de la caridad cristiana, con la preocupación de salvaguardar la dignidad humana sin discriminación alguna. Y antes de terminar su discurso dirigió una exhortación especial a los jóvenes:
«Si estas raíces espirituales se niegan u ocultan y los criterios de nuestra colaboración se vuelven una mera utilidad, lo que distingue verdaderamente el servicio de voluntariado católico, corre el riesgo de perderse, en detrimento de toda la sociedad. Queridos amigos, me gustaría terminar animando a los jóvenes a descubrir el trabajo voluntario como una manera de crecer en el amor desinteresado, que es el que da el sentido más profundo a la vida. Los jóvenes responden sin tardar a la llamada del amor. Ayudémoslos a escuchar a Cristo, que llama a sus corazones y a que se acerquen a Él. No debemos tener miedo de asumir este desafío radical que cambia la vida, ayudando a la juventud a aprender que nuestros corazones están hechos para amar y ser amado. La vida encuentra su plenitud gracias a la donación plena de sí mismos».

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