A las diez de la mañana Su Santidad celebró la Hora Media en la catedral de Milán con los sacerdotes, religiosas y religiosos, monjas de clausura y seminaristas, a quienes dirigió una homilía. En sus palabras, el Papa comenzó diciéndoles:

(Audio) RealAudioMP3 Nos hemos reunido en oración, para responder a la invitación del Himno ambrosiano de la Hora Tercia: Jesús Señor sube, injuriado a la cruz. Es una clara referencia a la amorosa obediencia de Jesús a la voluntad del Padre. El misterio pascual ha dado inicio a un tiempo nuevo: la muerte y resurrección de Cristo recrea la inocencia en la humanidad y hace que brote la alegría. 

Benedicto XVI manifestó su alegría por este encuentro y dirigió un afectuoso pensamiento de saludo a cada uno, especialmente a quienes están enfermos o son ancianos, mientras agradeció al Cardenal Angelo Scola, Arzobispo de Milán, sus amables palabras, sin olvidar a los pastores eméritos, el cardenal Carlo Maria Martini y Dionigi Tettamanzi, con los demás purpurados y obispos presentes.

También destacó que este momento se caracterizaba por el hecho de que permite revivir el misterio de la Iglesia en su expresión más alta, la de la oración litúrgica. Y afirmó que la oración cotidiana de la Liturgia de las Horas constituye una tarea esencial del ministerio ordenado en la Iglesia, puesto que prolonga en la jornada el misterio central de la Eucaristía, a la vez que los presbíteros están unidos a Jesucristo, vivo y operante en el tiempo. 

El Papa destacó asimismo el carácter precioso del don del sacerdocio. Y dirigiéndose a los queridos seminaristas que se preparan a recibirlo les recomendó que aprendan a gustarlo desde ahora y a vivir con empeño el valioso tiempo del Seminario. 

(Audio) RealAudioMP3 Si Cristo, para edificar su Iglesia, se entrega en las manos del sacerdote, éste a su vez, se debe encomendar a Él sin reservas: el amor por el Señor Jesús es el alma y la razón del ministerio sacerdotal, como fue la premisa, para que Él asignara a Pedro la misión de apacentar su propia grey.Y añadió que representando el Buen Pastor en el ejercicio mismo de la caridad pastoral, se encuentra el vínculo de la perfección sacerdotal que realizará la unidad en su vida y actividad: 

(Audio) RealAudioMP3 No hay oposición entre el bien de la persona del sacerdote y su misión; es más, la caridad pastoral es elemento unificador de vida que parte de una relación cada vez más íntima con Cristo en la oración para vivir el don total de sí mismos por la grey, de modo que el pueblo de Dios crezca en la comunión con Dios y sea manifestación de la comunión de la Santísima Trinidad. En efecto, hoy nuestra acción, tiene como finalidad conducir a los fieles a la unión con el Señor y hacer crecer la comunión eclesial por la salvación del mundo. 

Benedicto XVI destacó asimismo como signo luminoso de esta caridad pastoral y de un corazón indiviso el celibato sacerdotal y la virginidad consagrada.

(Audio) RealAudioMP3 Sin duda, el amor por Jesús vale para todos los cristianos, pero adquiere un significado singular para el sacerdote célibe y para quien ha respondido a la vocación a la vida consagrada: sólo y siempre en Cristo se encuentra la fuente y el modelo para repetir cotidianamente el “sí” a la voluntad de Dios. “Con qué lazos Cristo es retenido?” –se preguntaba san Ambrosio–, que con intensidad sorprendente predicó y cultivó la virginidad en la Iglesia, promoviendo también la dignidad de la mujer. Y respondía: “No con los nudos de cuerda, sinmo con los vínculos del amor y con el afecto del alma”.

Tras agradecer a estos hermanos y hermanas consagrados su testimonio, el Papa los animó a mirar hacia el futuro con confianza, contando con la fidelidad de Dios y el poder de su gracia, capaz de obrar siempre nuevas maravillas. Y tras destacar que el Himno de san Ambrosio recuerda a Jesús en la cruz, quien desde la gloria de su patíbulo, le dice a la Virgen: “Mujer, he aquí a tu hijo” y a Juan “he aquí a tu madre”, el Santo Padre añadió: 

(Audio) RealAudioMP3 María, madre de Cristo, extiende y prolonga en nosotros su divina maternidad, a fin de que el ministerio de la Palabra y de los Sacramentos, la vida de contemplación y la actividad apostólica, en sus múltiples formas, perseveren, sin cansancio y con valor, al servicio de Dios y de la edificación de la Iglesia.

Por último el Papa dio gracias a Dios por las filas de sacerdotes ambrosianos, de religiosos y religiosas que han gastado sus energías al servicio del Evangelio, llegando a veces hasta el supremo sacrificio de su vida. Y por su intercesión invitó a pedir confiados al Dador de todo don que haga siempre fecundo el ministerio de los sacerdotes y que refuerce el testimonio de las personas consagradas para mostrar al mundo la belleza de la entrega a Cristo y a la Iglesia, y para renovar a las familias cristianas según el designio de Dios, a fin de que “sean lugares de gracia y de santidad, terreno fértil para las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.

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