SANTA MISA CONSAGRACIÓN A SAN JOSE

Éste es el servidor fiel y prudente, a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.

 

Rito Penitencial

Señor ten piedad, Cristi ten piedad, Señor ten piedad

Gloria

Gloria a Dios en el cielo, 

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. 

Por tu inmensa gloria 

te alabamos, 

te bendecimos,
te adoramos,
te glorificamos,
te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; 

tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; 

tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros;
porque sólo tú eres Santo,
sólo tú, Señor, 

sólo tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre. Amén. 

 


PRIMERA LECTURA
El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
Lectura del segundo Libro de Samuel   7, 4-5a. 12-14a. 16

La palabra del Señor llegó al profeta Natán en estos términos: “Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, Yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. Él edificará una casa para mi Nombre, y Yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre”.

 

 

SALMO RESPONSORIAL    88, 2-5, 27. 29.
R/. Su descendencia permanecerá para siempre.

Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. Porque Tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo».

Yo sellé una Alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: «Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones».

Él me dirá: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora». Le aseguraré mi amor eternamente, y mi Alianza será estable para él.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Esperando contra toda esperanza, creyó.
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma   4, 13. 16-18. 22

Hermanos:

La promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham  a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.

Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: “Te he constituido padre de muchas naciones”. Abraham es nuestro padre a los ojos de Aquél en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: “Así será tu descendencia”. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

¡Felices los que habitan en tu Casa, Señor, y te alaban sin cesar!

 

 

 

EVANGELIO
José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   1, 16. 18-21. 24a.

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Éste fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo, no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque Él salvará a su Pueblo de sus pecados”.

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

Palabra del Señor

 


ACTO DE CONSAGRACIÓN DE SÍ MISMO

A SAN JOSÉ

¡Oh glorioso San José, dignísimo esposo de la Madre de Dios, Padre putativo del Verbo encarnado y protector fiel de las almas que recurren a Vos!  ¡Oh incomparable San José! digno, entre todos los santos, de ser venerado, amado e invocado por la excelencia de vuestras virtudes, la eminencia de vuestra gloria y el poder de vuestra intercesión.  Yo, indigno de ser vuestro siervo, pero atraído por vuestra bondad, vengo a consagrarme enteramente y para siempre a Vos. En la presencia, pues, de la augusta Trinidad, de Jesús vuestro Hijo, de María, vuestra esposa y mi tierna Madre, y en presencia de toda la corte celestial me consagro a Vos, ¡oh mi bondadoso San José! y me entrego a Vos como a mi Padre; os elijo por mi guía, para que, a vuestro ejemplo, me hagáis hacer vida interior, que es la vida propia de un verdadero cristiano. Me consagro a Vos y os tomo por modelo en el cumplimiento de todos mis deberes; quiero  cumplirlos con humildad y dulzura como Vos. Os tomo, amable San José, por mi consejero, mi confidente y mi protector en todos mis trabajos y penas, que soportaré como vos con paciencia y resignación. En todo seré feliz bajo vuestro amparo, y para merecerlo os consagro mi alma, mi corazón, mi cuerpo y sus sentidos, y todas mis acciones; en vuestras manos pongo mis penas y trabajos, mis gozos y alegrías, todos los momentos de mi vida, y sobre todo aquel de cual depende mi eternidad. Recibidme por vuestro siervo, ¡oh Santo Patriarca! Aceptadme por esclavo vuestro, y ejerced en mí toda vuestra autoridad: sed mi esperanza y mi refugio en todas mis necesidades, y mi apoyo en todos los sinsabores de mi vida.  Asistidme, especialmente en la hora de mi muerte, y hacedme digno de entrar en la patria de los justos. Amén.

 


¡Oh Jesús! dadme al justo San José por padre como me disteis a Santa María por madre. Poned en mi corazón la devoción, la confianza, el amor de un hijo hace este santo Patriarca.

¡Oh María! alcanzadme que honre y venere a vuestro virginal esposo, como Vos lo hacíais.

¡Oh Jesús! ¡Oh María! creo que mi plegaria ha sido oída, pues siento que mi devoción, mi confianza y mi amor hacia San José, que tanto os amó, se aumenta en mi corazón.

Haced que, imitando a este excelso Patriarca, viva y muera en vuestro santo amor. Amen.

 


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Te suplicamos, Señor, que así como san José sirvió con sincera entrega a tu Hijo unigénito, nacido de la Virgen María, también nosotros podamos celebrarte en esta liturgia con un corazón puro. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la solemnidad de san José. Porque él es el hombre justo que diste por esposo a la Virgen, Madre de Dios; el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu Hijo único, concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo, Señor nuestro.

Por él, los ángeles celebran tu gloria, te adoran las dominaciones, se estremecen las potestades. Te aclaman con alegría las virtudes del cielo y los santos serafines. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo …

 

 


 

 

ACCIÓN DE GRACIAS

«Enséñanos, José»

Enséñanos, José,

cómo se es «no protagonista»,

cómo se trabaja sin exhibirse,

cómo se avanza sin pisotear,

cómo se colabora sin manejar,

cómo se ama sin reclamar.

Dinos cómo se vive

siendo el «número dos»,

cómo se hacen cosas formidables

desde un segundo plano.

Dinos cómo, mientras la inmensa mayoría

busca ocupar los más importantes puestos,

son los llamados «segundos lugares»,

en los que se encuentra  nuestra

verdadera y oculta grandeza.

Dinos cómo se vive con dignidad

siendo «no importantes».

Convéncenos de que se puede

y debe ser útil, fiel, efectivo,

hasta héroe,

siendo «no importantes».

Explícanos cómo se es «grande» sin exhibirse,

cómo se lucha sin aplausos,

cómo se avanza sin publicidad,

cómo se persevera y se muere

sin que nos hagan

estatuas u homenajes.

Cómo se hace para ser útil, positivo, generoso

sin necesidad de ser «populares» y todavía más difícil,

cómo se hace para darlo todo, sin desear ser «protagonistas»,

y finalmente así, poder sentir por dentro una paz,

una felicidad, un gozo profundo.

¡Enséñanos, José!


 

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Padre, protege siempre a tu familia, que has alimentado con el sacramento del altar en la gozosa celebración de san José, y custodia en tus fieles los dones que con tanta bondad le concedes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 


ORACIÓN ESPECIAL  A SAN JOSÉ  (pidiendo la penitencia final)

San José Consagro Mi Familia terrenal completa a tu Paternal Protección para que nos mantengáis en resguardo discreto y seguro en estos tiempos. No permitáis, Amado San José, que ni uno sólo se pierda muriendo sin los ritos sacerdotales y sin tu Amable y amante presencia al lado de cada moribundo de nuestra Familia. Te Confiamos a ti esta que es el mayor Bien que El Cielo nos ha prestado para juntos alcanzar la Gloria Celestial. Amén.