Ante anuncio presidencial de legislar sobre el matrimonio igualitario

 


Citas del Catecismo, el Compendio de Doctrina Social y ‘Amoris laetitia’ fundamentan la posición de la Iglesia entregada para quienes deben legislar


 

“Que estas palabras puedan ayudar al discernimiento de quienes ejercen la responsabilidad de legislar y de todas las personas que buscan el mayor bien para quienes vivimos en Chile”, expresan los obispos chilenos en el último párrafo de la declaración firmada por el Comité Permanente del Episcopado.

En ella se refieren al anuncio hecho por el Presidente de la República, Sebastián Piñera, en su cuenta pública entregada el día anterior: “pondremos urgencia al proyecto de ley que lleva años en el Congreso y que establece el matrimonio igualitario entre todos nuestros compatriotas. De esta forma, todas las personas sin distinguir por orientación sexual, podrán vivir el amor y formar familia con toda la protección y dignidad que ellas necesitan y merecen”, dijo el Presidente.

Ante ese anuncio, el Comité Permanente del Episcopado se apresuró a fijar la posición de la Iglesia. Los obispos inician su declaración expresando que “nadie duda que Chile vive un tiempo complejo que exige lo mejor de cada uno de nosotros”. Agregan que “la profunda crisis sanitaria provocada por la pandemia y sus consecuencias económicas, sociales y emocionales ha situado a amplios grupos de chilenos en extrema precariedad, quienes esperan de sus autoridades medidas y acciones decididas de ayuda, sobre todo en beneficio de los más vulnerables”.

 

Decisión de poner urgencia al proyecto de ley

Luego se refieren a que en este contexto de “gran expectación sobre cómo seguiremos enfrentando la pandemia y sus efectos”, el Presidente de la República ha definido “algunas prioridades para los últimos meses de su mandato, entre las cuales anuncia su decisión de poner urgencia a la llamada ley de matrimonio igualitario”.

“Respecto de esta última iniciativa, expresa el Comité Permanente del Episcopado, los que seguimos a Jesucristo como Salvador y Señor y nos guiamos por su enseñanza, sostenemos la certeza de que el matrimonio establecido y querido por Dios es sólo entre un varón y una mujer, comunión que gesta vida y fundamenta la familia. Lo que la Iglesia católica enseña sobre esta materia es claro y conocido: “la vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1603). La familia es el “lugar primario de relaciones interpersonales, célula primera y vital de la sociedad (…) nacida de la íntima comunión de vida y de amor conyugal fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 211)”.

 

No hay analogías

A continuación, recuerdan que el papa Francisco “ha ratificado esta enseñanza en su exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’, afirmando que “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (AL, 251). Lo anterior, continúan los obispos, en ningún caso contradice la firme convicción de la Iglesia en cuanto a que “toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta” (AL, 250)”.

Añaden los obispos que “por lo demás, desde el punto de vista de los derechos de las personas que deciden vivir juntos, la legislación nacional ha establecido un régimen que ampara jurídicamente su decisión y le otorga un reconocimiento”.

Esta declaración, que tiene como título “Ante la urgencia de legislar sobre el matrimonio”, concluye explicitando su objetivo y sus destinatarios: “ayudar al discernimiento de quienes ejercen la responsabilidad de legislar y de todas las personas que buscan el mayor bien para quienes vivimos en Chile”.

 

Fuente:  Vida Nueva Digital

 


DOCUMENTO DEL EPISCOPADO


 

ANTE LA URGENCIA DE LEGISLAR SOBRE EL MATRIMONIO

 Declaración del Comité Permanente del Episcopado 1. Nadie duda que Chile vive un tiempo complejo que exige lo mejor de cada uno de nosotros. La ciudadanía y sus representantes democráticamente electos están tomando importantes decisiones que marcarán el devenir de nuestra democracia. Por otra parte, la profunda crisis sanitaria provocada por la pandemia y sus consecuencias económicas, sociales y emocionales ha situado a amplios grupos de chilenos en extrema precariedad, quienes esperan de sus autoridades medidas y acciones decididas de ayuda, sobre todo en beneficio de los más vulnerables. 2. En este contexto de gran expectación sobre cómo seguiremos enfrentando la pandemia y sus efectos, el Presidente de la República ha definido algunas prioridades para los últimos meses de su mandato, entre las cuales anuncia su decisión de poner urgencia a la llamada ley de matrimonio igualitario. 3. Respecto de esta última iniciativa, los que seguimos a Jesucristo como Salvador y Señor y nos guiamos por su enseñanza, sostenemos la certeza de que el matrimonio establecido y querido por Dios es sólo entre un varón y una mujer, comunión que gesta vida y fundamenta la familia. Lo que la Iglesia católica enseña sobre esta materia es claro y conocido: “la vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1603). La familia es el “lugar primario de relaciones interpersonales, célula primera y vital de la sociedad (…) nacida de la íntima comunión de vida y de amor conyugal fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 211). 4. El Papa Francisco ha ratificado esta enseñanza en su Exhortación Apostólica Amoris laetitia, afirmando que “no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (AL, 251). Lo anterior, en ningún caso contradice la firme convicción de la Iglesia en cuanto a que “toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta” (AL, 250). Por lo demás, desde el punto de vista de los derechos de las personas que deciden vivir juntos, la legislación nacional ha establecido un régimen que ampara jurídicamente su decisión y le otorga un reconocimiento. 5. Esperamos que estas palabras puedan ayudar al discernimiento de quienes ejercen la responsabilidad de legislar y de todas las personas que buscan el mayor bien para quienes vivimos en Chile. 


 

 

EL COMITÉ PERMANENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE Santiago, 2 de junio de 2021.