Paralítico perdonado y curado

Queridos hermanos y hermanas: 
La página evangélica que la liturgia presenta para nuestra meditación en este séptimo domingo del tiempo ordinario refiere el episodio del paralítico perdonado y curado (cf. Mc 2, 1-12). Mientras Jesús estaba predicando, entre los numerosos enfermos que le llevaban se encontraba un paralítico en una camilla. Al verlo, el Señor dijo:  "Hijo, tus pecados quedan perdonados" (Mc 2, 5).
 Y puesto que al oír estas palabras algunos de los presentes se habían escandalizado, añadió:  "Pues, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—, a ti te digo:  "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa"" (Mc 2, 10-11). Y el paralítico se fue curado.

Este relato evangélico muestra que Jesús no sólo tiene el poder de curar el cuerpo enfermo, sino también el de perdonar los pecados; más aún, la curación física es signo de la curación espiritual que produce su perdón.

 Efectivamente, el pecado es una suerte de parálisis del espíritu, de la que solamente puede liberarnos la fuerza del amor misericordioso de Dios, permitiéndonos levantarnos y reanudar el camino por la senda del bien.

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