PAZ, JUSTICIA, SOLIDARIDAD: CLAVES DE GLOBALIZACION

(VIS).-El arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede en la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra (Suiza), intervino el pasado 7 de junio en la 93 Conferencia Internacional del Trabajo. Su discurso se centró en el compromiso de ese organismo por una globalización que incluya a todos y elimine todos los obstáculos que impidan una repercusión beneficiosa de la misma. «El camino hacia un trabajo justo y una vida justa en un mundo donde la globalización de la solidaridad esté a la orden del día -dijo el prelado- parte de los hombres y de las mujeres jóvenes y de la promoción de su empleo. (…) Conseguir buenos trabajos para la gente joven se traduce en beneficios sustanciosos. La creatividad de los jóvenes, reforzada por una cultura técnica adecuada y por un sentido concreto de responsabilidad, compensa con creces su falta de experiencia y puede ofrecer incluso trabajos adicionales a través de las microempresas que pueden poner en marcha si se les conceden los préstamos oportunos». El arzobispo citó después las palabras que Benedicto XVI dirigió a los trabajadores el 1 de mayo de 2005: «La solidaridad, la justicia y la paz -dijo el Papa en esa ocasión- deberían ser los pilares sobre los que se construya la unidad de la familia humana». «La creación de trabajos buenos para todos en un mundo sostenible -prosiguió- es desde hace mucho tiempo una base común para un diálogo fructífero entre la Conferencia Internacional del Trabajo y la doctrina social de la Iglesia. La dignidad de todo ser humano requiere que el acceso al trabajo se produzca en condiciones de seguridad personal, de salud, de sueldo adecuado y de ambiente seguro. El trabajo es un derecho y una expresión de la dignidad humana. Mi delegación, por lo tanto, considera el desempleo como «una verdadera catástrofe social». «Es necesario llegar con mayor determinación a las categorías de trabajadores más vulnerables -subrayó-. Una acción coherente contra el trabajo forzoso (…) puede erradicar este tipo de trabajo indigno, que no debería tener cabida en el mundo moderno. (…) Una señal importante del dinamismo continuo de la Conferencia Internacional del Trabajo es su compromiso constante contra el trabajo forzoso, así como su labor en pro de los sectores más marginados del mundo del trabajo».

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