PERMANECER UNIDOS EN AMOR A DIOS PARA ESTARLO CON EL PAPA

CIUDAD DEL VATICANO, (VIS).-En la basílica vaticana, el cardenal Camillo Ruini, vicario general para la diócesis de Roma, presidió la tercera celebración de los Novendiali (novenario de misas por Juan Pablo II). Concelebraron cardenales, obispos y numerosos sacerdotes de Roma. En la homilía, el cardenal Ruini, dirigiéndose a los fieles de la Iglesia de Roma que llenaban la basílica, se preguntó cómo hizo Juan Pablo II para «estar tan cerca de nosotros y entrar de un modo tan profundo en el corazón de los romanos, de los italianos y de tantos ciudadanos del mundo. La verdadera respuesta es sencilla y tiene un gran significado: ha sido y sigue siendo para todos hermano y padre, porque era un hombre de Dios, porque ha vivido constantemente en la presencia de Dios, íntimamente unido a El y totalmente confiado en su infinita misericordia». «Sin embargo -continuó-, esta extraordinaria cercanía a Dios no le alejó en absoluto de nosotros. (…) Al contrario, Juan Pablo II ha sido un hombre verdadero, que ha apreciado el sabor de la vida: desde la belleza del arte, de la poesía y de la naturaleza hasta la fuerza del deporte; desde la fidelidad de la amistad hasta la reflexión filosófica y teológica y la valentía para tomar las decisiones más difíciles». El purpurado recordó las visitas de Juan Pablo II a 301 de las 333 parroquias de Roma, la Misa anual para los universitarios poco antes de Navidad, el encuentro con los jóvenes que precede al Domingo de Ramos, además de las iniciativas pastorales, como el sínodo diocesano (1986) y la misión ciudadana (1995) en preparación para el Jubileo del 2000. La Iglesia de Roma que el Papa «ha querido y sigue queriendo es una Iglesia que no se repliegue en sí misma, que no sea tímida ni desconfiada, sino una Iglesia que rebose de amor por Cristo, por la salvación de todos los seres humanos». «El único camino para permanecer unidos al Papa realmente, y no solo en modo emotivo o superficial, es permanecer unidos cada uno personalmente y toda la Iglesia de Roma en el amor al Señor, aquel amor que se nutre de fe y obediencia cotidiana a su voluntad, sobre todo a su mandamiento: Amaos unos a otros como yo os he amado». El cardenal Ruini subrayó que «Juan Pablo II, en su sufrimiento y en su muerte, así como a lo largo de toda su vida, fue un testigo y un anunciador extraordinariamente eficaz de Jesucristo crucificado y resucitado de entre los muertos, como los Apóstoles Pedro y Pablo, de quienes recibió el gran patrimonio cristiano y humano». «Mientras renovamos nuestra gratitud a Dios por este Papa que durante 26 años ha partido el pan eucarístico con nosotros y para nosotros, también damos gracias con todo el corazón a la Iglesia hermana de Cracovia y a toda la amada nación polaca, en las que Juan Pablo II, Karol Wojtyla, recibió la vida, la fe y su admirable riqueza cristiana y humana, para entregarlo después a Roma y al mundo entero».

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