Quienes gobiernan necesitan la ayuda de Dios

Benedicto XVI comentó ayer desde Castelgandolfo y antes de la oración del Ángelus, la lectura de la misa sobre la oración de Salomón. En la petición a Dios de tener «un corazón dócil» y no vida larga, riqueza o la eliminación de los enemigos, «se ve la grandeza de ánimo de Salomón», afirmó el Papa, quien aseguró que los gobernantes necesitan más que nadie la ayuda de Dios para que sus conciencias sean iluminadas y puedan obrar a favor del bien común de todos.

Salomón pidió a Dios que le concediera “un corazón dócil”, recordó el Papa, refiriéndose a la lectura del Antiguo Testamento que se lee en la liturgia de hoy: “Sabemos que el corazón, en la Biblia no indica solo una parte del cuerpo sino el centro de la persona –dijo-, la sede de sus intenciones y sus juicios. Podríamos decir: la conciencia.“Corazón dócil” significa entonces una conciencia que sabe escuchar. Que es sensible a la voz de la verdad y por esto es capaz de discernir el bien y el mal.”»Las personas llamadas a tareas de gobierno», aseguró Benedicto XVI, «naturalmente tienen una responsabilidad ulterior, y por lo tanto –como enseña Salomón- necesitan aún más de la ayuda de Dios. Pero a cada quien le toca hacer su propia parte, en la situación concreta en la que se encuentre».Cada uno de nosotros tiene una conciencia, explicó el Papa, para ejercitar la gran dignidad humana de actuar según la recta conciencia. “Una mentalidad equivocada nos sugiere pedir a Dios cosas o favores; en realidad, la verdadera cualidad de nuestra vida y de la vida social depende de la recta conciencia de cada uno, de la capacidad de cada quien y de todos de reconocer el bien, separándolo del mal, y de tratar pacientemente de actuarlo”.

Palabras del Santo Padre en lengua española, al finalizar el ángelus:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. La parábola del tesoro escondido que escuchamos en el Evangelio de hoy, nos recuerda la importancia decisiva y suprema del Señor en nuestra vida, invitándonos a supeditar todo lo demás a este inefable tesoro que Dios ha puesto en nosotros. Que también en esta época veraniega nos cuidemos de fortalecer nuestra fe, sin disipar la atención en aspectos caducos. Que la Virgen María nos ayude a seguir incondicionalmente a su divino Hijo. Felíz domingo.”

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