Dios os llama a ser santos, que la santidad es el secreto del verdadero éxito de vuestro ministerio sacerdotal

CIUDAD DEL VATICANO, 2 FEB 2008 (VIS).

El Papa Emérito Benedicto XVI visitó el Seminario Mayor Romano con motivo de la festividad de su patrona, la Virgen de la Confianza. El Santo Padre, que presidió las vísperas, manifestó su alegría por encontrarse, como obispo de Roma, en «su Seminario».

«El don de ser hijos adoptivos de Dios -dijo a los seminaristas durante la homilía- ha iluminado vuestras vidas y os ha hecho sentir el deseo de hacer partícipes a los demás. Estáis aquí para desarrollar vuestra vocación filial y prepararos a la misión futura de apóstoles de Cristo. (…) Saboreando la alegría de la vida con Dios Padre, sentís todavía con más urgencia la necesidad de convertiros en mensajeros del Evangelio de su hijo Jesús».

«Todo ello suscita una gran confianza, porque el don recibido es sorprendente, colma de estupor y de alegría. Ahora podéis comprender el papel que tiene en nuestra vida María. (…) Como el Hijo, «nacido de mujer», de María, Madre de Dios, así vuestro ser Hijos de Dios, lleva aparejado que ella sea vuestra Madre».

Dirigiéndose después a los padres de los futuros presbíteros, el Papa dijo que probablemente eran «los más sorprendidos de todos por lo que está sucediendo con vuestros hijos. Quizá habíais imaginado para ellos una misión distinta de aquella para la que se están preparando», y les invitó a «mirar a María», porque «el Evangelio nos hace entender que Ella también se hizo muchas preguntas sobre su Hijo Jesús y reflexionó sobre Èl».

«Es inevitable que la vocación de los hijos se convierta de alguna forma en la de los padres -observó el Papa-. Ahora sois partícipes de la aventura maravillosa de vuestros hijos. Efectivamente, aunque parezca que la vida del sacerdote no llame la atención de la mayoría de la gente, en realidad se trata de la aventura más interesante y necesaria para el mundo. La aventura de mostrar y hacer presente la plenitud de la vida a que todos aspiramos. (…) Es una aventura muy exigente, y no podría ser de otra manera, porque el sacerdote está llamado a imitar a Jesús».

El Santo Padre se refirió posteriormente a dos aspectos que caracterizan la vida de los seminaristas. En primer lugar, la de la escucha de la voz del Señor, que «requiere un clima de silencio. Por este motivo -dijo-, el seminario ofrece momentos y tiempo para la oración cotidiana; cuida mucho la liturgia, la meditación de la Palabra de Dios y la adoración eucarística. Al mismo tiempo, os exige que dediquéis muchas horas al estudio: rezando y estudiando podéis construir en vosotros el hombre de Dios que debéis ser y que la gente espera que el sacerdote sea».

«Existe también -continuó- un segundo aspecto de vuestra vida: (…) el aspecto comunitario, que es muy importante. (…) Vuestra comunión no se limita al presente, sino también al futuro: en vuestra misión pastoral tendréis que actuar unidos como en un cuerpo, en un «ordo», el de los presbíteros, que con el obispo cuidan de la comunidad cristiana».

Benedicto XVI subrayó que «todo esto recuerda que Dios os llama a ser santos, que la santidad es el secreto del verdadero éxito de vuestro ministerio sacerdotal. La santidad debe ser, desde ahora, el objetivo de todas vuestras elecciones y decisiones. Confiad este deseo y este compromiso cotidiano a María, Madre de la Confianza!».

«Recorred el camino del Seminario -concluyó- con el ánimo abierto a la verdad, a la transparencia, al diálogo con quien os guía y esto os permitirá responder de modo sencillo y humilde a Aquel que os llama, liberándoos del riesgo de realizar un proyecto personal».

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