Grandeza oculta de la Virgen Nuestra Señora

DÍA 19


SEGUNDA SEMANA


CONOCIMIENTO DE MARÍA 

Los actos de amor, afectos piadosos hacia la Santísima Virgen, imitación de sus virtudes, especialmente su humildad profunda, su fe viva, su obediencia ciega, su continua oración mental, su mortificación en todas las cosas, su pureza incomparable, su caridad ardiente, su paciencia heroica, su dulzura angelical y su sabiduría divina: «siendo esto» como dice San Luis María Grignion de Montfort, «las diez virtudes principales de la Santísima Virgen». Tenemos que unimos a Jesús por María, ésta es la característica de nuestra devoción; por tanto, San Luis María Grignion de Montfort nos pide que nos empleemos a fondo para adquirir un conocimiento de la Santísima Virgen. María es nuestra soberana y nuestra medianera, nuestra Madre y nuestra Señora. Esforcémonos, pues, en conocer los efectos de esta realeza, de esta mediación, y de esta maternidad, así como las grandezas y prerrogativas que son los fundamentos o consecuencias de ello. Nuestra Santísima Madre también es perfecta – un molde en donde podemos ser moldeados para poder hacer nuestras sus intenciones y disposiciones. Esto no lo conseguiremos sin estudiar la vida interior de María, o sea, sus virtudes, sus sentimientos, sus acciones, su participación en los misterios de Jesucristo y su unión con Él. 

Oraciones vocales:

ANOTACIONES

DÍA 19

Meditación breve:

EVANGELIO: Le presentaban niños para que los tocase; viendo lo cual, los discípulos los reprendían. Jesús los llamó a sí, diciendo: Dejad que los niños vengan a mí y no se lo prohibáis, que de ellos es el reino de Dios. En verdad os digo: quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Cierto personaje le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para alcanzar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los preceptos: No adulterarás, no matarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre ya tu madre. Le dijo él: Todos esos preceptos los he guardado desde la juventud. Oyendo esto Jesús, le dijo: Aún te queda una cosa: Vende cuanto tienes y repártelo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme. Él, oyendo esto, se entristeció, porque era muy rico. Viéndolo Jesús, dijo: ¡Qué difícilmente entran en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios. Dijeron los que le oían: Entonces, ¿quién puede salvarse? Él respondió: Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios. Le dijo Pedro: Pues nosotros, dejando todo lo que teníamos, te hemos seguido. Él les dijo: En verdad os digo que ninguno que haya dejado casa, mujer, hermanos, padres e hijos por amor al reino de Dios dejará de recibir mucho más en este siglo y la vida eterna en el venidero. (Lc. 18, 15-30). 

PREGUNTATE:
A) ¿ESTAS DISPUESTO A PERDER LO QUE SEA POR SEGUIR A JESUS? ¿DINERO? 

¿BIENES? ¿LA FAMILIA? ¿QUE TE MIREN BIEN? SI NO ES ASI, SI NO ESTAS DISPUESTO A DARLO TODO SI FUESE NECESARIO NO ERES CRISTIANO REALMENTE, AUN TE QUEDA MUCHO POR RECORRER….
B) ¿HAS CAIDO EN LA CUENTA DE QUE SOLO QUIEN LO DEJA TODO TODO TODO POR EL SE VA FELIZ? 

Meditación extendida:

Grandeza oculta de la Virgen Nuestra Señora

Composición de lugar. La Virgen Santísima en su retiro, en el templo, o en Nazaret.

Petición. Sentimiento interno de la grandeza oculta de Nuestra Señora para que aprendamos a imitarla.

Punto I. Cuán oculta estuvo en su vida la Santísima Virgen. “La vida de María fue oculta. Por ello, el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman alma mater: Madre oculta y escondida. Su humildad fue tan grande que no hubo para Ella anhelo más firme y constante que el de ocultarse a sí misma y a todas las criaturas, para ser conocida solamente de Dios.

Ella pidió pobreza y humildad. Y Dios, escuchándola, tuvo a bien ocultarla en su concepción, nacimiento, vida, misterios, resurrección y asunción, a casi todos los hombres. Sus propios padres no la conocían. Y los ángeles se preguntaban con frecuencia uno a otro: ¿Quién es ésta? (Cant. 8, 5). Porque el Altísimo se la ocultaba. O, si algo les manifestaba de Ella, era infinitamente más lo que les encubría.”

¡Qué admirable lección nos da la Providencia Divina en esta vida oculta de Nuestra Señora! La santidad no está en lo que brilla a los ojos del mundo, sino en la gracia santificante y en las virtudes, que son los tesoros que estima Dios. Para llegar a lo más alto de la perfección no es preciso hacer milagros ni hazañas que llamen la atención de los hombres: amar de veras es lo que importa.

P. II. En medio de esta vida oculta, ¡qué grandeza la de la Madre de Dios!

“Dios Padre, a pesar de haberle comunicado su poder, consintió en que no hiciera ningún milagro, al menos portentoso, durante su vida.

Dios Hijo, a pesar de haberle comunicado su sabiduría, consintió en que Ella casi no hablara.

Dios Espíritu Santo, a pesar de ser Ella su fiel esposa, consintió en que los Apóstoles y Evangelistas hablaran de Ella muy poco y sólo cuanto era necesario para dar a conocer a Jesucristo.

La excelsa María es el paraíso terrestre del nuevo Adán, quien se encarnó en él por obra del Espíritu Santo para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el sublime y divino mundo de Dios, lleno de bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, quien ocultó allí, como en su seno, a su Unigénito y con Él todo lo más excelente y precioso.

¡Oh qué portentos y qué misterios ha ocultado Dios en esta admirable criatura, como Ella misma se ve obligada a confesarlo, no obstante su profunda humildad: ¡El Poderoso ha hecho obras grandes en mí! (Lc. 1, 49) El mundo los desconoce porque es incapaz e indigno de conocerlos.

Los santos han dicho cosas admirables de esta ciudad Santa de Dios. Y, según ellos mismos testifican, nunca han estado tan elocuentes ni se han sentido tan felices como al hablar de Ella.

Todos los días, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto del cielo y en lo más profundo de los abismos, todo pregona y exalta a la admirable María. Los nueve coros angélicos, los hombres de todo sexo, edad y condición, religión, buenos y malos, y hasta los mismos demonios, de grado o por fuerza, se ven obligados, por la evidencia de la verdad, a proclamarla bienaventurada.

Todos los ángeles en el cielo, dice san Buenaventura, le repiten continuamente: “¡Santa, santa, santa María! ¡Virgen y Madre de Dios!”

Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente entre los cristianos que la han escogido por tutelar y patrona de varias naciones, provincias, diócesis y ciudades. ¡Cuántas catedrales no se hallan consagradas a Dios bajo su advocación! ¡No hay Iglesia sin un altar en su honor, ni comarca ni región donde no se dé culto a alguna de sus imágenes milagrosas, donde se cura toda suerte de enfermedades y se obtiene toda clase de bienes! ¡Cuántas cofradías y congregaciones en su honor! ¡Cuántos institutos religiosos colocados bajo su nombre y protección! ¡Cuántos congregantes en las asociaciones piadosas, cuántos religiosos en todas las Órdenes! ¡Todos publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias!

No hay siquiera un pequeñuelo que, al balbucir el Avemaría, no la alabe. Ni apenas un pecador que, aunque obstinado, no conserve alguna chispa de confianza en Ella. Ni siquiera un solo demonio en el infierno que, temiéndola, no la respete.

Audio Las Glorias de María:
Lección en video:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *