SEMINARIO «JUSTICIA Y PAZ»: DIGNIDAD HUMANA PRISIONEROS

CIUDAD DEL VATICANO, 2 MAR 2005 (VIS).-El cardenal Renato Martino, presidente del Pontificio Consejo «Justicia y Paz», intervino ayer en el Seminario Internacional sobre los Derechos Humanos de los Prisioneros que se celebra estos días en el Vaticano. «La reclusión -dijo el purpurado- no separa jamás del amor de Dios y por tanto, de la dignidad de la persona humana, que de ese amor deriva y en ese amor se enraiza». El seminario, que dura dos días y fue inaugurado ayer, está organizado por el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» y la Comisión Internacional de la Pastoral Penitenciaria Católica (ICCPPC). «El encarcelado -afirmó el cardenal Martino ante 80 expertos- tiene derecho a ser considerado una persona. Lejos de permanecer abstracta, esa consideración debe animar la política y el derecho, las instituciones sociales de prevención y las reglas carceleras, la intervención en las cárceles de los organismos de la sociedad civil». No obstante, agregó: «Desgraciadamente, en el mundo se verifican situaciones de encarcelamiento y modalidades de detención incluso previas al juicio, en el sentido de que no incluyen aún la tutela más elemental de los derechos de la persona». Por su parte Christian Kuhn, presidente de ICCPPC, subrayó que los capellanes de prisiones conocen el enorme peligro que la delincuencia, especialmente la delincuencia organizada, el tráfico de drogas y el terrorismo representan para la sociedad. Kuhn evidenció también que raramente los jefes de la delincuencia organizada van a la cárcel, mientras la mayoría de los detenidos está formada por pobres y marginados. Las conclusiones de este seminario -dijo- se presentarán ante el XI Congreso de las Naciones Unidas sobre la prevención del crimen y la justicia penal, que se celebrará del 18 al 25 de abril en Bangkok (Tailandia). Al final de los trabajos, el cardenal Martino leyó un telegrama enviado en nombre del Santo Padre por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado. «Su Santidad auspicia vivamente -decía el texto- que las jornadas de reflexión contribuyan a afirmar el respeto debido a la permanente dignidad humana del individuo que ha violado la ley, para que siga sintiéndose parte de la sociedad y se comprometa a reintegrarse en ella».

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