El Padre Pío de Pietrelcina nunca se negó a nadie y sus máximas, sus palabras, sus consejos

Los santos son fuente de inspiración para dar a nuestra vida ese impulso que nos permita afrontarla de una manera diferente. Uno de esos santos es S. Padre Pío de Pietrelcina.


«Hacemos el bien siempre y en todas partes. Quien nos vea, que entienda que somos de Cristo.»

San Padre Pío es uno de los santos más amados e invocados del mundo. Él, que ya era santo en vida, siempre daba consejos, no sólo a los que consideraba sus hijos espirituales, sino también a todos los que acudían a él en busca de consuelo. El Padre Pío de Pietrelcina nunca se negó a nadie y sus máximas, sus palabras, sus consejos de vida quedaron como fuente de inspiración primaria y a seguir por todos aquellos que se proponen hacer un cambio real y concreto en su existencia.

Las palabras del Padre Pío son eternas, aunque fueron pronunciadas en su tiempo, tienen un valor universal, como si el santo fraile de Pietrelcina las dirigiera a cada uno de nosotros para animarnos a mirar nuestra vida de otra manera…

Cuando el miedo nos embarga, decía San Pío, debemos invocar al Señor de la misma manera y con las mismas palabras que le invocaba San Pedro: “Señor, sálvame”. Estamos seguros de que agarrará nuestra mano y no la soltará en el momento de dificultad. Pensemos en hacer el bien hoy, sin preocuparnos demasiado por el mañana. Hacemos el bien siempre y en todas partes. Quien nos vea, que entienda que somos de Cristo. Oramos, soportamos sufrimientos y tribulaciones, todo por el amor de Dios y por la conversión de los pecadores.

Si somos tan felices con Jesús en esta tierra, el santo fraile nos pregunta, ¿qué habrá en el cielo? Debemos ser como pequeñas abejas. Las abejas traen miel y cera a su colmena, así nosotros llevamos paz, dulzura, misericordia y humildad a nuestro hogar, como abejitas espirituales. María nunca nos deja, incluso cuando el demonio nos socava constantemente…

El Padre Pío pone ante nosotros el testimonio de una persona que se convirtió, pero que tenía miedo de volver a perder. El santo fraile, mirándola a los ojos, dijo estas sencillas palabras: «Yo estoy contigo», como si no quisiera dejar aquella oveja recién encontrada. Si perdemos el tiempo, despreciamos el don que Dios nos ha dado. Él nos lo confió y no podemos dañarlo, el tiempo siempre es precioso. Por eso no debemos posponer lo que hoy es posible hacer, sobre todo hacer el bien y escuchar la Palabra y la voz de Dios.


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