XXV ANIVERSARIO DE LA VISITA DE JUAN PABLO II A LA UNESCO

CIUDAD DEL VATICANO, 2 JUN 2005 (VIS).-Se ha publicado hoy el mensaje de Benedicto XVI al cardenal Jean-Louis Tauran, archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, que representa a la Santa Sede en el coloquio «Cultura, razón y libertad» celebrado en París para conmemorar el 25 aniversario de la visita de Juan Pablo II a la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). En el mensaje, el Santo Padre habla del «inmenso agradecimiento que sentimos hacia Juan Pablo II que, fuerte de su experiencia personal y cultural, subrayó siempre en sus enseñanzas el lugar central e irreemplazable del ser humano, así como su dignidad fundamental, fuente de sus derechos inalienables. Hace 25 años, el Papa declaró en la sede de la UNESCO que «en el ámbito cultural, el ser humano es siempre lo primero: el ser humano es el hecho primordial y fundamental de la cultura». Después, Benedicto XVI repite las palabras que Juan Pablo II pronunció en la UNESCO, recordando a sus interlocutores la responsabilidad que tenían: «Construid la paz comenzando por los cimientos: el respeto de todos los derechos del ser humano, los que están ligados a su dimensión material y económica y los que lo están a la dimensión espiritual e interior de su existencia en el mundo». El Papa reitera el interés de la Santa Sede por la tarea de la UNESCO, a través de su observador permanente en esta organización, y observa: «En un mundo a la vez múltiple y dividido y a menudo sometido a las fuertes exigencias de la globalización de las relaciones económicas y todavía más de la información, es absolutamente necesario movilizar las energías de la inteligencia para que se reconozca en todos los lugares, especialmente en los países más pobres, el derecho de los seres humanos a la educación y a la cultura. En un mundo donde todos deben aprender cada vez más a reconocer y respetar a sus hermanos, la Iglesia quiere aportar su contribución al servicio de la comunidad humana subrayando (…) la relación que une a cada persona con el Creador de toda vida y que es la fuente de la dignidad inalienable del ser humano, desde su concepción a la muerte natural».

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