»Como María, la Iglesia sea dócil esclava de la Palabra divina»

(Agencia Fides) – El 40° aniversario (el 18 de noviembre de 1965) de la aprobación de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano II sobre la divina Revelación, «Dei Verbum», ha sido recordado por el Santo Padre Benedicto XVI en el ángelus del domingo 6 de noviembre como “uno de los pilares de todo el edificio conciliar”. «Este documento habla de la Revelación y de su transmisión, de la inspiración y de la interpretación de la sagrada Escritura y de su importancia fundamental en la vida de la Iglesia» ha recordado el Santo Padre a los numerosos fieles que se encontraban en la plaza de San Pedro a pesar de la lluvia. El Concilio Vaticano II ha puesto en el centro la figura de Cristo, «mediador y a la vez la plenitud de toda la revelación». «En efecto, el Señor Jesús, Verbo hecho carne, muerto y resucitado, llevó a plenitud la obra de salvación, realizada con gestos y palabras, y manifestó plenamente el rostro y la voluntad de Dios, de manera que hasta su regreso glorioso no hay que esperar ninguna nueva revelación pública. Los apóstoles y sus sucesores, los obispos, son los depositarios del mensaje que Cristo ha confiado a su Iglesia para que sea transmitido íntegramente a todas las generaciones». La Sagrada Escritura y la sagrada Tradición contienen este mensaje, cuya comprensión progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo. «La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y del Evangelio saca siempre la orientación para su camino» ha subrayado el Santo Padre, recordando el fuerte impulso dado por la «Dei Verbum» en la valorización de la Palabra de Dios y la consiguiente profunda renovación de la vida de la Comunidad eclesial, en la predicación, catequesis, teología, espiritualidad y en las relaciones ecuménicas. Entre los frutos de esta «primavera bíblica» el Papa ha hecho referencia en particular a la antigua práctica de la lectio divino: «Ella consiste en meditar ampliamente sobre un texto bíblico, leyéndolo y volviéndolo a leer, casi ‘rumiándolo’ como escriben los padres, y exprimiendo todo su ‘jugo’ para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a irrigar como la sabia la vida concreta».

Por último, Benedicto XVI ha indicado la actitud de Maria Santísima en el icono de la Anunciación: » la Virgen acoge al mensajero celestial mientras medita en las sagradas Escrituras, representadas generalmente con un libro que María tiene en sus manos, o en el seno, o encima de un atril. Ésta es también la imagen que ofrece de la Iglesia el mismo Concilio, en la constitución «Dei Verbum»». Después ha invitado a los fieles a la oración del ángelus: «Pidamos para que, como María, la Iglesia sea dócil esclava de la Palabra divina y la proclame siempre con confianza firme para que «todo el mundo, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame».

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