Sobre «la Devoción»

Si la caridad es como leche, la devoción es la nata – San Francisco de Sales


«Miraban los mártires las hogueras, las hachas encendidas, las ruedas y las espadas como flores y olorosos perfumes, porque eran devotos…»

 

Si la caridad es como leche, la devoción es la nata; si es una planta, la devoción es la flor; si es piedra preciosa, la devoción es el brillo; si es bálsamo escogido, la devoción es el olor que exhala, tan suave que conforta á los hombres y recrea á los ángeles.

 

Desanimaban á los Israelitas, para que no entrasen en la tierra de promisión los exploradores, diciéndoles que aquel país devoraba á sus habitantes, esto es, que el aire era tan maligno, que no se podía respirándole vivir mucho tiempo, y los habitantes eran gentes monstruosas que se tragaban á los demás hombres como langostas. También el mundo, amada Filotea, procura de este modo desacreditar la santa devoción, pintando á los devotos con un rostro fastidioso, triste y melancólico, y publicando que la devoción produce humores hipocondriacos é insufribles. Pero así como Josué y Caleb aseguraban á los hijos de Israel, que no solo era buena y hermosa la tierra prometida, sino que su posesión les seria dulce y agradable, así también el Espíritu Divino por boca de los Santos, y nuestro Señor por la suya propia, nos aseguran que la vida devota es dulce, bienaventurada y amable.

Ve el mundo que los devotos ayunan, oran, sufren las injurias, sirven á los enfermos, socorren á los pobres, velan, reprimen la ira, sofocan y ahogan sus pasiones, se privan de los placeres sensuales, y ejecutan estas y otras acciones que en si mismas, y por su propia esencia y calidad son ásperas y rigurosas; pero no ve el mundo aquella devoción interior y cordial, que hace todas estas acciones agradables, y dulces y fáciles. ¿Ves las abejas como chupan del tomillo un jugo amarguísimo, y chupándole, por una propiedad que tienen le convierten en miel? Así, ó mundano, aunque las almas devotas encuentran ciertamente mucha amargura en los ejercicios de mortificación, practicándolos la convierten en dulzura y suavidad. Miraban los mártires las hogueras, las hachas encendidas, las ruedas y las espadas como flores y olorosos perfumes, porque eran devotos: pues si la devoción es capaz de hacer dulces los mas crueles tormentos y la muerte misma ¿qué hará con las acciones virtuosas? El azucar dulcifica las frutas verdes, y corrige la crudeza y malignidad que tienen algunas después de maduras; y la devoción, que es como azucar espiritual, quita la amargura á las mortificaciones, y estorba que puedan hacer daño los consuelos: corrige las cuitas de los pobres y las solicitudes de los ricos: quita la desolación al oprimido y la arrogancia al favorecido, la tristeza al solidario y la disipación al que vive en sociedad: sirve de fuego en invierno y de rocío en verano: enseña á vivir así en la abundancia como en la pobreza: hace igualmente útiles las honras que los menosprecios: recibe con un corazón casi siempre igual el placer y el dolor, y nos llena de una suavidad maravillosa.

 

Contempla en la escala de Jacob un verdadero retrato de la vida devota: los dos largueros en que están afirmados los escalones y entre los cuales se sube, representan la oración que nos alcanza el amor de Dios y los santos sacramentos que nos le confieren: los escalones son los diferentes grados de caridad, por los cuales se va de virtud en virtud, ó bien bajando con la acción á socorrer y sufrir al prójimo, ó bien subiendo con la contemplación á la amorosa union con Dios. Mirad ahora por vida vuestra á los que están en la escala, y veréis que son hombres de corazón angelical ó ángeles en cuerpo humano: no son jóvenes, pero lo parecen, porque están llenos de vigor y agilidad espiritual: tienen alas para volar, y se arrojan á Dios por medio de la santa oración; pero tienen también pies con que caminar entre los hombres por medio de una santa y amigable conversación: su rostro es hermoso y alegre, como que todo lo reciben con dulzura y suavidad: llevan descubiertos los pies, los brazos y la cabeza, para denotar que en sus pensamientos, afectos y acciones no llevan otro fin, ni otro motivo que el de agradar á Dios: el resto del cuerpo está vestido, pero de una ropa hermosa y ligera, porque usan á la verdad del mundo y de sus cosas, pero de un modo puro y sincero, tomando sin empeño ni apego, únicamente lo muy preciso según su condición: tales son pues las almas devotas. Créeme, querida Filotea, la devoción es dulzura de las dulzuras, reina de las virtudes, y perfección de la caridad misma. Si la caridad es como leche, la devoción es la nata; si es una planta, la devoción es la flor; si es piedra preciosa, la devoción es el brillo; si es bálsamo escogido, la devoción es el olor que exhala, tan suave que conforta á los hombres y recrea á los ángeles.

 


San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota

 

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