REAFIRMAR EL COMPROMISO POR UNIDAD CRISTIANOS

(VIS).-El Santo Padre recibió esta mañana a los miembros de la delegación enviada a Roma por Su Santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, con motivo de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Tradicionalmente una delegación ecuménica visita Roma el 29 de junio y una romana se desplaza a Estambul el 30 de noviembre, festividad de San Andrés, patrono del patriarcado ecuménico. El Papa subrayó el «diálogo de caridad» entre católicos y ortodoxos «inaugurado en el Monte de los Olivos por el Papa Pablo VI y el patriarca Atenágoras, una experiencia que no ha sido en vano. Los gestos llevados a cabo hasta ahora han sido numerosos y significativos: pienso en la abrogación de las condenas recíprocas de 1054, en los discursos, en los documentos y en los encuentros promovidos por las sedes de Roma y de Constantinopla. Estos gestos han jalonado el camino de las últimas décadas». Después se refirió al encuentro y al «abrazo fraternal» de Juan Pablo II poco antes de su muerte con el patriarca ecuménico en la basílica de San Pedro. «Nuestro camino es largo y no es fácil -dijo Benedicto XVI-, pero (…) ha visto crecer la esperanza de un sólido «diálogo de la verdad» y de un proceso de clarificación histórica y teológica que ya ha dado frutos apreciables». «Se advierte la necesidad de aunar nuestras fuerzas y no ahorrar energías para que el diálogo teológico oficial, comenzado en 1980, entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas en su conjunto, se reanude con vigor renovado». El Santo Padre expresó su «agradecimiento al patriarca Bartolomé, que trabaja para reactivar los trabajos de la Comisión mixta internacional católica-ortodoxa. Le aseguro que es mi firme voluntad apoyar e impulsar esa acción. La investigación teológica, que debe hacer frente a cuestiones complejas y hallar soluciones no reductivas, es un compromiso serio, al que no podemos renunciar». «Si es verdad que el Señor llama con fuerza a sus discípulos a construir la unidad en la caridad y en la verdad; si es verdad que el llamamiento ecuménico constituye una invitación acuciante a reedificar en la reconciliación y en la paz la unidad gravemente dañada entre todos los cristianos; si no podemos ignorar que la división hace menos eficaz la santísima causa de la predicación del Evangelio a todas las criaturas ¿cómo podemos rechazar la tarea de examinar con claridad y buena voluntad nuestras diferencias, abordándolas con la convicción íntima de que hay que resolverlas? La unidad que buscamos no es ni absorción ni fusión, sino respeto de la plenitud multiforme de la Iglesia que, conforme a la voluntad de su fundador Jesucristo, debe ser siempre una, santa, católica y apostólica». El Santo Padre concluyó pidiendo a la delegación que informase al patriarca Bartolomé de su «intención de proseguir con determinación firme la búsqueda de la plena unidad entre todos los cristianos».

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