SRI LANKA: misioneros católicos socorren a víctimas.

Colombo, Sri Lanka (FIDES).-La «Casa De Mazenod», Casa provincial de los Misioneros Oblatos de Maria Inmaculada en Colombo, alberga a cerca de 2.000 personas que se han quedado sin casa a causa del maremoto que golpeó Sri Lanka el domingo pasado. Las noticias que llegan de los misioneros en el país asiático a la casa Generalicia de los Oblatos de Maria Inmaculada (omiworld) y enviadas a la Agencia Fides son dramáticas. «Tenemos sobre todo necesidad – dice el P. Oswald Firth, Asistente General, quién actualmente se encuentra en el país – de mantas, medicamentos, especialmente para tratar a los enfermos y prevenir la propagación de las enfermedades, agua potable y libros para los niños. A este respecto, estamos llamando a la puerta las organizaciones de ayuda mutua que conocemos.” » P. Firth continúa: «Los más vulnerables entre las víctimas fueron las mujeres y los niños, incapaces de trepar sobre las construcciones más elevadas o de nadar. El maremoto barrió simplemente la vía férrea y volcó un tren entero con más de mil pasajeros. Después, los rieles parecían como materia metálica retorcida. Los autobuses flotaban como si fuesen juguetes de plástico. Más de 200 extranjeros fueron barridos por las violentas olas. Otras personas, que participaban en las celebraciones del domingo en las iglesias del cinturón costero, fueron arrastradas por el mar y desaparecieron. Nunca hemos tenido un desastre natural así en toda la historia de Sri Lanka. » El Padre A. Jeevendra Paul, Superior provincial OMI en Jaffna, escribe: «La horrorosa catástrofe que afectó Sri Lanka, en particular las costas del norte y este, este domingo por la mañana, 26 de diciembre, sigue siendo una pesadilla. Nada mas que en el norte, las víctimas son más de diez miles. Los pueblos de estas zonas sufrieron la catástrofe completamente de improvisto. Fue cuestión de pocos segundos. Familias enteras, especialmente mujeres, niños y personas mayores, desaparecieron por centenares. Millares heridos, o simplemente llevados por la corriente o arrastrados por las olas. Actualmente los hospitales están desbordados de heridos y prácticamente todos los habitantes de la costa perdieron sus casas y sus propiedades. Peor es el trauma de la búsqueda de los desaparecidos, la identificación de los muertos y los cuidados que deben darse a los huérfanos. Los poblados de la zona costera, como Chakkoddai, Point-Pedro, Manalkadu, Chempeyampattu, Thalayady y Mullaithivu están constituidos principalmente por pueblos católicos de pescadores. Hay también pueblos hindúes y musulmanes en los distritos de Trinco y Batticaloa. Las hermanas de la Sagrada Familia y los sacerdotes que residen a lo largo de la costa se han salvado milagrosamente, puesto que se encontraban en la iglesia para la misa del domingo. Las Fuerzas Armadas de la Zona de Alta Seguridad fueron arrasadas literalmente: algunos murieron, otros quedaron heridos. Los voluntarios, especialmente los jóvenes de Jaffna, están en primera línea para ayudar a los necesitados. Los Oblatos, sacerdotes y escolásticos, hacen todo lo que está de su parte en la península de Jaffna. La mayor parte de la gente desea – y lo hacen – compartir lo que tienen: comida, ropas, esteras y almohadas. Naturalmente, hay escasez de medicamentos e instalaciones hospitalarias. Los Oblatos también se unieron a otros voluntarios para llevar y distribuir las ayudas a los pueblos. Nunca había oído o visto tal catástrofe, que en poco tiempo arrancó vidas inocentes de nuestro pueblo. Un pueblo que ya había pasado a través de las privaciones, los dolores y las pérdidas de la reciente guerra civil. Lo que salvamos – varias vidas humanas y de las propiedades – durante los dos años del alto al fuego, se lo ha tragado el mar…. La experiencia es insólita. Ciertamente nosotros, los Oblatos, vamos a poner las manos en el barro para reconstruir estas zonas, ocuparnos de los heridos y los siniestrados. Son nuestras prioridades.»

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