Benetton y su falaz propuesta de paz

Carmen Elena Villa Betancourt | Medellín
Dudé en escribir este artículo porque lo que menos quiero hacer es publicidad gratuita a Benetton, pero luego pensé que si no lo escribo, podría dejar pasivamente de invitar a la reflexión sobre este tipo de campañas que no conocen límites tan básicos como el respeto por las personas y, en este caso, por las instituciones que lideran.
Es una lástima que una multinacional de esta talla, en lugar de promocionarse con sus productos, lo haga con campañas que despierten tanta sensibilidad e incluso ofensas a la dignidad de personas concretas y, en este caso, a las instituciones, naciones o creencias que encabezan: los católicos, musulmanes, estadounidenses, venezolanos, franceses, alemanes, palestinos, israelíes y chinos que tengan un aprecio y respeto por sus respectivos líderes.
Un punto importante es el peligro que tienen los fotomontajes. Mientras que la caricatura o la pintura son una representación de la realidad o de la utopía, la foto es la realidad misma congelada para perpetuarse en el tiempo.
El fotomontaje, en cambio, toma esa realidad para disfrazarla, manipularla y hacerla ver como si hubiese ocurrido verdaderamente.
Así, la nueva foto, ya no es, ni realidad ni representación de la misma, sino, en este caso, el reflejo del relativismo y la mala concepción de la libertad que pierde cualquier límite. Incluso el del respeto.
Esto trae problemas en primer lugar para la dignidad de la persona que aparece en las imágenes -aunque todos sabemos que no son fotos reales- porque publica un comportamiento que, si bien es ficticio, pareciera que fuese real y, en este caso, contrario a su conducta.
Otro tema es el de la manipulación de la campaña con el título Unhate. Uno de los portavoces de Benetton dijo que el objetivo era "combatir la cultura del odio en todas sus formas". Mientras que Alessandro Benetton, vicepresidente ejecutivo de la marca italiana quiso justificarse con palabras muy poéticas: "Si el amor global sigue siendo una utopía compartida, la invitación a no odiar, a combatir la cultura del odio, representa un objetivo ambicioso pero realista".
Una frase falaz por donde se le mire: la manera de combatir el odio no es haciendo una campaña que ofenda a los líderes. Y si quisiera promover la paz, no tiene que ser con un beso en la boca entre los jefes opositores.
La connotación sexual es baja y provocadora. Y más cuando uno de los líderes -el Papa Benedicto XVI- vive y proclama la disciplina del celibato como parte de la vocación sacerdotal.
Es lamentable que se pierdan los límites entre la verdad y la mentira, entre la libertad y el respeto. Que se quiera promover a la fuerza una falsa tolerancia, que haya gente que ignorantemente se deje llevar y defienda estos mensajes contraproducentes.
"El justo ejercicio del derecho a la información reclama que el contenido de lo que se comunica sea verdad y, dentro de los límites fijados por la justicia y la caridad", dice el documento Ética de la publicidad del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales publicado en 1997.
"Aquí se incluye la obligación de evitar cualquier manipulación de la verdad por cualquier razón", prosigue. 

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