Espiritualidad mariana del sacerdote

María ve en cada sacerdote un «Jesús viviente» (San Juan Eudes)

 


La Madre del Sumo y Eterno Sacerdote


 
Cuando el sacerdote ministro reflexiona y vive el tema mariano, redescubre más profundamente el misterio de Cristo Sacerdote que se prolonga en la Iglesia, del que el sacerdote participa de modo especial.
María engendró, gestó y dió a luz a Jesucristo en toda su realidad de Hijo de Dios, Cabeza de su Cuerpo Místico, Redentor, Sacerdote. María es, pues, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, asociada a Cristo Redentor, Madre de Cristo Sacerdote. La maternidad en María dice relación a Cristo en toda su realidad. Toda la vida de María es de asociación a Cristo Sacerdote, Mediador, Redentor.
 
Esta unión de María a Cristo Sacerdote se expresa en diversos puntos fundamentales:
 
aceptación de los planes salvíficos del Padre en sintonia con el de Cristo Sacerdote al Padre (+Heb 10,5-7; Lc 1,38),
 
perseverancia en este durante toda la vida hasta el sacrificio de la cruz,
 
asociación a Cristo Sacerdote y Víctima, Mediador y Redentor,
 
intercesión como mediación materna participada de la única mediación de Cristo Sacerdote.
 

La Madre de la Iglesia, Pueblo sacerdotal

 
La Iglesia es el pueblo sacerdotal (1Pe 2,5-9) porque en ella se prolonga Cristo Sacerdote y porque toda ella participa de la realidad sacerdotal del Señor (+cap.2,n.3). María es Tipo o personificación de la Iglesia.
 
Si María es Madre y Tipo de la Iglesia, Pueblo Sacerdotal, lo es también por su asociación maternal a Cristo Sacerdote. La realidad sacerdotal de Cristo, que asocia a María, continúa en la Iglesia.
 
La Iglesia ejerce su función sacerdotal anunciando a Cristo (línea profética), celebrando su sacrificio redentor y salvífico (línea cultual y litúrgica), comunicándolo a los hombres (línea hodegética o de dirección y servicio de caridad).
 
 
La función sacerdotal de la Iglesia tiene, pues, dimensión mariana:
 
anunciar a Cristo nacido de María,
presencializar a Cristo que asocia a María,
comunicar la salvación de Cristo que quiso y sigue queriendo la colaboración de María.
 
La Iglesia se hace más virgen y madre cuando en la «misión apostólica» imita el «amor materno» de María (LG 65). Por esto:
 
-La Iglesia, al contemplar a María, entra más a fondo en el misterio de la encarnación;
 
-anunciando y venerando a María, atrae a los creyentes a su Hijo;
 
-«en su labor apostólica, se fija con razón en aquella que engendró a Cristo, concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen, para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles» (LG 65).
 
 

La Madre del sacerdote ministro


María ve en cada sacerdote un «Jesús viviente» (San Juan Eudes). La realidad sacerdotal de la Iglesia, que es también realidad materna, se actualiza principalmente por medio del ministerio de los sacerdotes. Es maternidad ministerial, que encuentra en María su figura o Tipo.

 

María sigue asociada al sacrificio de Cristo que se hace presente en la eucaristía por ministerio de los sacerdotes.

 

La relación de María con el sacerdote ministro se basa, pues, en una realidad querida por Cristo:

 

-es Madre especial del sacerdote (realidad y amor),

 

-es modelo de su relación con Cristo y de su actuar apostólico,

 

actúa como asociada a Cristo Sacerdote y Madre de la Iglesia.

 

Los santos sacerdotes de la historia (como San Juan de Avila, San Juan Eudes, San Antonio Mª Claret…) han acentuado también el paralelismo entre María y el sacerdote:

 

-por la vocación o elección especial,

 

-por la consagración a los planes salvíficos de Dios en Cristo,

 

-por la unión con Cristo Sacerdote y Víctima (en la cruz y en la eucaristía),

 

-por la fidelidad a la acción y misión del Espíritu Santo,

 

-por el hecho de comunicar Cristo al mundo (instrumento de gracia).

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