AUDIENCIA: LA LITURGIA ES ABRAZO ENTRE DIOS Y EL SER HUMANO

(VIS).-La segunda parte del salmo 134, «Sólo Dios es grande y eterno», fue el tema de la catequesis de la audiencia general de esta semana, celebrada en la Plaza de San Pedro y a la que asistieron 50.000 personas. «El salmista -explicó el Papa- compara dos visiones religiosas diversas. Por un lado presenta a Dios como un ser vivo y personal (…) que con la fuerza de su amor guía y sustenta a sus fieles. Por el contrario, emerge la idolatría, que manifiesta una religiosidad desviada y engañosa. Un ídolo es sólo «obra de las manos del hombre», (…) tiene apariencia humana pero no tiene vida». «El destino de los que adoran estas realidades muertas -recalcó el Santo Padre- es el de convertirse en su interior en algo semejante a ellas: impotentes, frágiles, inertes», y agregó que el salmo representa «la eterna tentación del ser humano de alcanzar la salvación con la «obra de sus manos», mediante la riqueza, el poder, el éxito». «Tras esta meditación sobre la verdadera y la falsa religión, el salmo concluye con una bendición litúrgica. (…) La liturgia es el lugar privilegiado para escuchar la palabra divina, que hace presentes los actos salvíficos del Señor, pero también es el ámbito desde el que se eleva la oración comunitaria que celebra el amor divino. Dios y el ser humano se encuentran en un abrazo de salvación, que encuentra su cumplimiento en la celebración litúrgica». Una vez terminada la audiencia, el Papa saludó en diversos idiomas a los peregrinos. Dirigiéndose a un grupo de fieles italianos, procedentes de Umbría, dijo: «Venís de la tierra de san Benito y san Francisco, que como vosotros, peregrinaron a Roma. (…) Han pasado muchos siglos desde entonces, pero su testimonio de paz y amor sigue siendo actual: Italia, Europa y el mundo lo necesitan». Después, saludó con estas palabras a los peregrinos polacos: «Han pasado seis meses de la muerte de mi querido antecesor Juan Pablo II. Su magisterio y el testimonio de su vida siguen siendo importantes y actuales. Confío a los rosarios que rezáis su causa de beatificación».

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